Ambientación
El extraño evento a puertas abiertas de tu colegio debería haber sido la primera advertencia. Ya casi se acababa el año escolar, sólo los mayores de ocho años podían asistir a la celebración que prometía ser una de las mejores jornadas escolares.

Aunque todo estaba cubierto de nieve, el cálido sol invitaba a recorrer el decorado colegio. Tiendas de comida, competencias, juegos, eventos, música, foros de debate, tantas cosas sucediendo al unísono que fue imposible para cualquiera darse cuenta de la farsa.

Lo único que escuchaste fue la explosión proveniente del medio del terreno antes de que tus tímpanos retumbaran a tal frecuencia que los subsiguientes gritos de terror y agonía se convirtieran en silencio. El gas azul que lentamente nubló tu vista claramente tenía la misma procedencia. Sentiste como te ahorcaba, quemaba, ahogaba bajo el agua, como si tragaras arena o ácido; todo dependía de tus peores miedos mientras perdías el conocimiento.

En la oscuridad de la inconsciencia pudiste identificar palabras. Primero un susurro que te acarició mientras elegías tu nuevo destino, luego, cada vez más fuerte y como si proviniese de cada alma que había quedado atrapada en ese nuevo universo, las reglas del juego.

I. Jamás cooperarás con otras razas.
II. No intentarás comunicarte con el exterior.
III. Vivirás en este mundo y no en el exterior.
IV. Rompe una de las reglas, y un conocido de allá fuera muere.
¿Sobrevivirás el Juego?
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Mensaje por Katori Takei el Vie Jul 26, 2019 9:46 pm

Meanwhile... Back at the lab
Lab. de ciencias - ~18:50 PM - Priv. Connor

Había días en que levantarse de alguna cama, colchón o suelo maltrecho eran como clavos ardiendo en la espalda de cualquiera. El silencio de un habitáculo pequeño, quizá rodeado de dragones como ella, le daba calma, pero no la completa seguridad de seguir viva a la mañana siguiente. Era raro, pero a más se acostumbraba a aquello más se deshumanizaba y, cuando eso sucedía, más sentía que perdía el vínculo con su familia. Era como si un pedazo de tu alma se desintegrase en ese lugar maldito. Agradecías cada segundo los problemas del primer mundo y lo banales que resultaban discusiones cotidianas entre parientes. Katori le daba importancia a cosas que no la tenían, pues la vida tenía que disfrutarse. Lástima que uno no sepa lo que tiene hasta que lo pierde.
 
 
Con esas palabras llenó su estómago. Sí, su raza no estaba mal. Eran buena gente... en su mayoría. En días tan grises poco podía hacer para distraerse, y es que pocos días había habido de luz desde que tuvo la maldita suerte de caer allí. No iba a ser el primero ni el último día completo que pasaba sollozando sola, avergonzada de mil cosas, pero de las cuales nadie debía enterarse porque su carga era suya. Bastante tenían los demás en ese Tártaro como para sufrir por otros.
 
Con inusitada delicadeza llevó su mano a esa guitarra que, en teoría, era propiedad del colegio. Ese centro escolar que hoy era un campo de batalla y cenizas y que, a veces, daba treguas, permitió que recuperase un instrumento de viejas cuerdas. Tocó y tocó durante horas donde solo el eco de la inmensidad era testigo de los acordes más melancólicos de lo que ella disfrutaba. Sus dedos estaban, al final, rojos y doloridos y las cuerdas, presas de una tensión demasiado extendida en el tiempo, acabaron por ceder, rompiéndose una de ellas sin remisión. A todos los defectos del viejo instrumento, y a falta de mejorar aquel o encontrar uno más nuevo, se le sumaba el hecho de que ya no podía ser tocado.
 
Con un suspiro para calmarse se levantó. Era por la tarde y tenía que recoger cuerdas que, quizá, hubiese en la sala de música. Katori sabía del peligro y por eso la guitarra eléctrica se convirtió en un arma improvisada mientras iba por los pasillos como un alma en pena, sigilosa y rápida, eludiendo ruidos, yendo al trote por pasillos y agachada al pasar por las clases para no ser vista por los ventanales. Maldita, maldita guerra. Encontrar las cuerdas fue fácil, pero lo difícil iba a ser tener unos alicates y, por eso, acabó en el laboratorio de ciencias, el lugar más cercano y con algo de posibilidades de tener herramientas... ¿o no?
 
Aprisa, viendo como los rayos de sol marcaban el inicio de la noche, revisó cajones sin hacer demasiado ruido. Encontrar los alicates fue cosa de veinte minutos y, reparar la cuerda de otros veinte. Desafinada, con la puesta de sol marcando el final de otro día en la jungla de cemento, se quedó embobada mirando tal escena. ¿Qué podía decir la nipona? Amaba el sol y sus anaranjados rayos. Pero rápidamente volvió en si cuando escuchó unos pasos que no podía determinar. Tensa, con el instrumento reparado, tropezó con uno de los cajones que abrió y, haciendo ruido (especialmente el de la guitarra al chocar contra el suelo), se levantó de mala manera. — ¡N-no! Torpe, torpe... — Si no se hubiese puesto tan nerviosa rápidamente hubiese estado avergonzada de su torpeza, pero seguramente con semejante tono de voz y estropicio fuese como ver un enjambre de luciérnagas en plena noche: fácil y llamativo. Quizá presa de esa ansiedad espetó al aire, no muy alto pero tampoco con blandeza. — ¡No quiero problemas! — No le estaba hablando a nadie. Sus ojos expresivos, decididos pero asustados, eran como los de un reptil a punto para todo, le gustase a ella o no. Quizá solo era un fantasma.
 
Pensar eso era su único alivio en ese instante fugaz.
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Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor] Empty Re: Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor]

Mensaje por Connor Buckley el Mar Jul 30, 2019 1:02 am

Meanwhile... Back at the Lab
Con Katori Takei en el Laboratorio al Atardecer.

I said I didn't want trouble
I'm the boy in the bubble
But then came trouble.
“Oh don’t you dare look back, just keep your eyes on me~” El chico de cabellos blancos iba dando saltitos mientras bailoteaba en dirección al Laboratorio. La extraña guitarra que había hecho de una pieza de madera y cuerdas de fibras de vegetal endurecidas con sus habilidades de Elemental sólo acompañaba con el riff básico, dejando que su voz hiciera el resto. Nunca había sido tan bueno tocando la guitarra como lo era cantando de todos modos.

“I said you're holding back, she said shut up and dance with me. This woman is my des-TI-NY~” En tres pasitos y un movimiento de cadera abrió una puerta sin soltar la guitarra, pasando por el lado de un salón que contenía algunos Reapers neutrales que lo observaron con confusión mientras pasaba, ignorándolos por completo. “She said woohoo~” Con una sonrisa y un leve movimiento de su cabeza, Connor indicó un saludo silencioso que fue recibido con la misma confusión, aunque se siguió moviendo para no interrumpir más de lo debido en sus rituales. El Elemental hizo una pausa en la canción, recuperándose del falsete mientras pegaba un salto más largo para alejarse de los Reapers. “¡SHUT UP AND DANCE WITH ME!”

¿Qué lo tenía de tan buen humor? Había podido hablar con Anwen sin romper las reglas en ese mundo que les había quitado su humanidad. Ya no sabía hace cuánto tiempo había sido, probablemente un par de semanas, pero ese no era problema para Connor, era capaz de guardar ese recuerdo en su memoria como si hubiese sido ayer, para siempre. Ni siquiera le importaba que esa noche, como casi todas, dormiría solo a la intemperie en vez de con ella, como correspondía.

“Deep in her eyes~” La letra de la canción, como muchas otras, resonaban con su corazón de una manera en que nunca lograría expresar. “I think I see the future~” Evitó recordar el par de veces, en el mundo anterior, en que había encontrado anillos que se hubiesen visto hermosos en el dedo anular izquierdo de Anwen mientras acompañaba a su madre por el centro comercial. Reemplazó aquel recuerdo que no permitió pasar por su cabeza por la sonrisa de la hermosa morena cuando había dicho su nombre después de tanto tiempo.

“She took my arm~”
Simuló que algo lo tomaba de la mano y se tambaleó hacia un lado, creando una coreografía que luego obligaría a Anwen a bailar, cuando salieran de ese lugar. “I don't know how it happened~” Varios saltitos acompañaron las sílabas de la canción y el chico tomó la guitarra para usarla como compañera a falta de su novia, olvidando el punteo para seguir cantando con la música que oía en su cabeza a la perfección. “We took the floor and she said~”

El resto de la canción se escuchó por varios pasillos, Connor había dejado de caminar para concentrarse en crear una coreografía que podrían usar en su boda. ¿Boda? «Sí, boda.» No se imaginaba su vida con nadie más, y aunque sabía que todavía eran jóvenes, cada día se convencía un poco más de que Anwen sería su esposa y compañera, en especial después del infierno que estaban sobreviviendo juntos. No se lo había dicho ni lo haría todavía, aunque su novia no era estúpida y él no era buen mentiroso, probablemente ya sabía cómo se sentía y simplemente estaba esperando a que él lo trajera a colación.

Jadeando un poco, apoyó la espalda contra una pared al finalizar la canción, dejando que el frío del edificio bajara un poco su temperatura corporal. Nadie podía decir que Connor Buckley no tenía energía ni se comprometía con sus presentaciones aunque nadie estuviera mirando. Se entusiasmaba con facilidad, era una característica que le gustaba y probablemente le había mantenido cuerdo a él y el resto de los Elementales. Connor no permitió que su cerebro hiciera más que recordar a Anwen y la coreografía que había inventado, repasándola en su cabeza mientras esperaba a dejar de transpirar, recuperando el aliento. Se volvió a encaminar hacia el Laboratorio y llegó a la puerta varios minutos después, sabiendo que lo más probable era que estuviese vacío debido a la hora.

No alcanzó a llegar a la puerta antes de escuchar un estruendo poco característico del grupo de Elementales. Normalmente, cuando se ponían a joder en el Laboratorio habían cosas como explosiones, fuego, humo, bombas de luz o oscuridad, etc. Definitivamente ninguno de sus compañeros hubiese tocado la guitarra de Connor, que había escuchado caer al piso, y además su raza no se caracterizaba por ser torpe, y Connor sabía que el lugar estaba vacío ya que todos habían salido al Parque a recolectar comida y quizás hacer trueque con las Ninfas. Él se había devuelto temprano a hacer guardia antes de que se pusiera el sol, ya que los Reapers y Serafines no respetaban demasiado los espacios neutrales una vez caída la noche, aunque el resto de sus compañeros probablemente ya venía de vuelta. No querías estar afuera sin refugio una vez caída la noche.

«Vergas, vieron que no había nadie cuidando y entraron a robar. Y yo ahí bailando como estúpido de la cabeza. Debería haber venido directamente, ahora estoy completamente jodido.» Era cierto, Connor era muchísimas cosas, pero no estaba a la altura en combate ni contra Reapers ni Serafines. Algunos de esos hacían deporte de cazar otras razas, y sus habilidades eran completamente inútiles cuando se trataba de matar o morir. Pero el resto no sabía eso. Casi inmediatamente después de escuchar el estruendo, tomó su forma de Elemental, o como él le llamaba, Ent.

Sintió cómo el suelo se alejaba aún más de su cabeza mientras su ropa se enrollaba en su cuerpo y endurecía alrededor de las extremidades que se alargaban. Todavía no se acostumbraba a aquella extraña sensación, probablemente nunca lo haría. Mientras se transformaba, escuchó la voz de una chica que se reprochaba su torpeza, seguido de algo que había escuchado varias veces. «No sabes cuanto quiero decirte que yo tampoco.» Suspiró un poco antes de abrir la puerta, frunciendo el ceño en un gesto que suponía se veía un poco amenazante. «Así como que podría exprimirte contra el suelo si quisiera, pero estoy eligiendo no hacerlo, y no me des una excusa.» A decir verdad, en su forma Elemental Connor era incapaz de hacer una mueca como aquella, ya que su cara estaba hecha de madera demasiado gruesa como para generar alguna otra expresión que no fuera una de completo relajo.

Empujó la puerta del Laboratorio y agachó la cabeza para poder entrar, evitando así darse en la cabeza contra el marco superior. Era simplemente demasiado alto en esa forma, y ya había cometido ese error demasiadas veces. Entrecerró los ojos al ver a la chica, todavía en su forma humana, y notó que se veía un poco asustada. Él también lo estaba, a pesar de que sus ojos en esa forma eran incapaces de retornar el sentimiento. Llevaba la guitarra en una mano y quería usarla para comunicarse, pero sentía que la chica estaba a un estornudo de salir corriendo o atacar.

Connor le asintió a la chica lentamente, demostrando que le había escuchado, y luego con la misma lentitud caraterística de un Ent giró su cabeza hacia la guitarra que llevaba en una mano y volvió a asentir. Tomó la guitarra de manera un poco incómoda con la otra mano, apoyándose contra la puerta y comenzó el punteo más fácil que recordaba. Le costaba muchísimo más tocar en esa forma y su voz era dos o tres octavos más bajos que la original, pero no podía correr el riesgo de que la chica decidiera atacarle mientras estaba en su forma humana.

“Hey, chica no sé bien qué haces aquí, entiendo que no había nadie pero las- cosas no funcionan así~” Connor no era poeta ni nada por el estilo, le costaba muchísimo inventar canciones como lo hacía en momentos como ese, pero la necesidad era más fuerte que sus bloqueos mentales. “Este mundo es bastante violento y no quiero hacerte daño, pero mis compañeros llegarán pronto~” Giró su cabeza hacia la puerta, equivocándose un par de veces en el punteo que sonaba bastante extraño debido a que sus manos eran de madera y no de piel. “Si necesitas de mi ayuda hazme saber, me gustaría entender, qué haces aquí… Qué haces aquí~” La métrica se había ajustado bastante bien a como recordaba que era la letra original y suponía que seguía contando como canción y no comunicación. De cualquier manera, no le dirigió la mirada directamente a la chica mientras cantaba, para estar seguro, y sólo volvió a mirarla una vez había terminado de cantar, aunque mantuvo el extraño punteo mientras esperaba una respuesta.
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Forma Elemental:
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Canciones:
Por si no las pillaste en el link, estas son las dos canciones que tocó. No es necesario que las escuches, pero queda un poco más entretenido.
La canción que canta al principio


El punteo


Última edición por Connor Buckley el Miér Ago 07, 2019 7:46 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Katori Takei el Mar Jul 30, 2019 11:28 am

Meanwhile... Back at the lab
Lab. de ciencias - ~18:50 PM - Priv. Connor

¿Era eso otro de los infinitos finales? ¿En serio iba a morir por un error tan tonto? La chica no se lo podía creer, menos aún cuando los pasos se iban aproximando. Lo único que escuchaba, además de ese ritmo cercano y amenazante en su mente era, obviamente, los latidos de su corazón acelerado en su cabeza. La adrenalina de salir de allí era fuerte. Antes de siquiera ver qué era lo que se aproximaba miró por la ventana cercana, barajando saltar, pero eran demasiados pisos. Salir volando en su oxidada forma de dragón era otra alternativa, pero sería diana fácil para quien quisiese dispararle, seguirla o atacarla desde el suelo. Estaba tan nerviosa que esos pocos segundos se le hicieron minutos, los cuales desperdició al ver que la puerta de salida estaba eclipsada por esos pasos y sonidos extraños. Estaba ahí. O estaban. ¿Qué tan caro podía llegar a costar una reparación pequeña?

El moverse de la puerta le hizo correr hacia la guitarra que recién había reparado. La tomó por el diapasón con las dos manos y la blandió como una espada o maza medieval. Usar un instrumento de esa forma era algo terrible, claro, pero si la mataban y resucitaba, o no, desde luego que no podría usarla. Todavían se guardaban la distancia que daba el aula y sus mesas, pero quién sabía de qué sería capaz el contrario. Su agarre, no obstante, no fue a menos, si no a más. Ver aquella masa de madera podía dar tranquilidad a algunos, pero no a ella. No en ese momento. La mole de madera parecía poco menos que un enemigo y ella no estaba poniendo demasiado de su parte. Abrió la boca para hablar, presa del pánico, pero pronto la cerró sin emitir sonido. Su tensa mandíbula decía todo: no quería morir. Lo que quedase a la interpretación lo chillaban sus ojos vivos y decididos: sobreviviría.
 
Por suerte para ella, o para todos, el ser, una transformación que no le permitía dilucidar qué ser humano había tras esa carcasa, parecía pacífico. Sin embargo Katorio guardó las distancias blandiendo el instrumento musical que ella portaba, con un temblar ligero que declaraba su intención de no ser la primera en hacer daño y el disgusto que esto le generaba. Sus gestos amables no la relajaban y que se apoyase contra la puerta le estaba quitando, al final, su única salida. Tan solo el inicio del punteo con aquel instrumento de cuerda que él también tenía le hizo bajar la guardia. Todos parecían amar la música tal y como ella en uno u otro grado.
 
Moviendo de posición la guitarra se puso en pose de tocar, apoyándose en una mesa ceñifruncida. ¿Estaba hablando? No. No era eso. Estaba cantando y, a la vez, diciéndole algo. ¿Eso valía? ¿Era seguro? Miró al suelo unos segundos y supuso que si no miraba al ser y decía cosas inconexas podría, al menos, disfrazarlo para engañar al juego. ¿Lo hacía así el elemental de madera por eso? Tragó saliva y le dio la espalda parcialmente, quedándose de costado, guardando ese espacio de seguridad para defenderse si este atacaba. Sus dedos fueron a las cuerdas, de las cuales una, la nueva, brillaba más que el resto. Temblaba, insegura de qué hacer, pero con la suficiente osadía para saber que tenía que salir de allí. Ajustando las perillas unos segundos sin hacer desaparecer su tensión empezó a tocar acordes simples para hacer algo parecido a una composición improvisada.


Tardó unos diez segundos en empezar a emitir sonido, mirando, tan agarrotada como inspirada, la puesta de sol. Carraspeó, esperando, rezando, que eso no fuese "romper la norma".

— Tú, vete ya. No quiero pelear.
En mí daño no encontrarás.
Solo quería un momento de paz.
 
Te pido algo de piedad.
Para irme sin luchar.
Una simple oportunidad.
 
Quién eres, dónde estás.
Ser que causas malestar.
Y por qué mi alma quieres arrancar.—


En tal momento la chica cerró sus ojos, respirando por la nariz, como si para ella eso fuese mucho más un salvavidas que otra cosa ante el conocimiento del malestar escolar y, después, todo lo que venía. Una estampida de personas que estaban por llegar y un apaleamiento que ya había visto cuando despertó.

— De verdad, déjame marchar.
De esta cárcel de cristal.
De donde cenizas no debemos crear.
 
Y con sangre hemos de pagar.
Y si el tiempo se agota.
Que no sea por mi mano el empezar.
 
Por favor te lo pido.
No me guía el dañar.
Solo quiero un amigo.
 
Que me pueda rescatar. —


Con un deslizado de dos segundos acabó su cancioncilla, larga e inspirada, de todo menos alegre. Y es que de forma traicionera una sonrisa le salió al acabar, como si aquello fuese lo que quería decir y que una triste ley le impedía hacerlo. Cuando se dio cuenta de su propio semblante satisfecho volvió a su seriedad y todo recobró ese cariz gris y peligroso. Se volteó hacia el ser, frunciendo el ceño, esperando ver que hacía, si tocaba o si, por el contrario, le dejaba irse con o sin pelear. Parecía más difícil y rocoso, sin duda, el llegar al corazón de un ser así... en apariencia.
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Mensaje por Connor Buckley el Miér Jul 31, 2019 11:56 am

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I said I didn't want trouble
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But then came trouble.
Connor dejó de tocar inmediatamente al notar que la chica estaba armada con una guitarra propia, abrazando su guitarra contra el pecho, y además sabía usarla para más cosas que amenazar a Ents pacíficos. No pudo evitar una sonrisita al recordar un monito animado que había visto con su hermana sobre un caballo que usaba una guitarra como arma. No pasó ni medio segundo antes de que hubiese destrozado ese recuerdo, esperando que milésimas de un recuerdo no rompieran la tercera regla.

No conocía aquella melodía, y Connor conocía bastantes. Era extremadamente posible que la chica estuviese improvisando aquellos acordes que correspondían casi a la perfección con la atmósfera del momento. «Veeeeeergas, es buenísima.» Encontrar gente que sobresalía en lo que hacían era algo que le sucedía a menudo y no le acomplejaba en lo absoluto. La contempló en lo que sólo podía ser definido como admiración máxima, aunque sus ojos negros y apagados no demostraron más que aquella tranquilidad neutra que les caracterizaba.

«¿Causo malestar? A mí no me venga con cosas, la que está traspasando en propiedad privada es usted, señorita.» Connor refunfuñó en su cabeza, tomando su guitarra en una sola mano nuevamente para comenzar a responder, pero la chica no había acabado. Una pequeña amenaza logró petrificar a Connor, algo que nuevamente no se demostró en absolutamente nada con aquel cuerpo de madera.
Había aprendido con un par de Elementales de fuego que en aquel cuerpo era casi ridículamente débil a aquel elemento, y no quería tener absolutamente nada que ver con llamas ni fuego ni nada por el estilo. No había muerto todavía, y pretendía mantener aquella condición el mayor tiempo posible dentro de lo sensato, que de cualquier manera moriría por proteger a Anwen sin pensarlo siquiera una vez.

No quiso acercarse más a la chica por miedo a asustarle, pero parecía tener la misma edad de su hermana y sintió un pequeño dolor al pensar en que ella podría, también, encontrarse en una situación parecida. Algo en cómo intentaba mantener una expresión dura sin lograr esconder algo de pánico en los ojos le recordaba a un animal asustado, o quizás su hermana cuando tenía que caminar por la casa a oscuras. No le haría daño, ni hoy ni mañana ni nunca, ni siquiera si la chica que había improvisado una canción ahí mismo le convirtiera en Elemental de carbón y cenizas. Era completamente incapaz, en especial después de aquel encuentro tan íntimo y vulnerable.

Al finalizar la canción, Connor no pudo evitar un pequeño aplauso. En aquella forma, sonó más como un árbol rozándose contra otro en una brisa. Extraño, pero no completamente desagradable. Decidió que la chica no era peligrosa y que permanecer más tiempo en su forma de Ent sería descuidado y hasta de mala educación, siendo que ella no había recurrido a su forma de raza, sea cual fuere.

El peliblanco se encogió de hombros en un gesto que mostraba un poco de resignación y la luz que flotaba dentro de su pecho brilló intensamente por un momento, estirándose lánguidamente como un gato recién despertado por el pecho y hombros de Connor, como si estuviera abrazándole. Envuelto en esa luz por menos de un segundo, Connor se encogió de vuelta a su forma humana, que en comparación se veía bastante más pequeña, aún en su metro noventa de estatura.

“Nunca pude resistirme a una damisela en apuros. Algún día de estos tu caballerosidad va a hacer que alguien te mate, Connor Buckley.” Le dijo primero a la guitarra que acunaba entre sus brazos ahora de manera bastante más cómoda y familiar, y luego a sí mismo. No le dirigió la mirada a la chica hasta después de que había terminado de hablar, cuando le guiñó un ojo y le regaló una cálida y encantadora sonrisa que contrastaba de manera casi ridícula con su forma alterna. «Y que la primera regla se joda, que aquí somos todos demasiado inteligentes como para caer en esa trampa.»

Connor creía fervientemente en que las reglas eran demasiado vagas y ambiguas, quizás a propósito y quizás no, pero de cualquier manera se había comenzado a aprovechar, poco a poco y cada vez con menos miedo, de aquella ambigüedad para poder comunicarse con miembros de otras razas de todos modos. No se atrevería nunca a romperlas directamente, sus padres, hermana y amigos estaban en el exterior y no quería arriesgarse a ponerles en riesgo, pero eso no quería decir que no podía doblarlas bastante.

No tenían tiempo que perder, sabía que el resto vendría de vuelta y no podían encontrarle ahí en un casi enfrentamiento con una intrusa. Mantuvo su sonrisa, igual a la que le dedicaba a su hermana, llena de cariño y preocupación de hermano mayor, y entrecerró los ojos un poco, intentando hacer que la chica se tranquilizara, y recordó una canción de su infancia. “You've got a friend in me~” Comenzó a cantar bajito, pero con gusto y una voz bastante más melódica que la que tenía en su forma de árbol. “You've got a friend in me~” Todo el talento que no tenía para componer ni escribir letras geniales e inspiradores se había guardado casi exclusivamente para el dominio sobre su voz, un barítono que retumbaba en los oídos de cualquiera y hacía vibrar las ventanas cuando cantaba a todo pulmón.

“You've got troubles, and I've got 'em, too~” Tomó la guitarra del mástil despreocupadamente con su mano izquierda mientras con la otra empujaba la puerta del Laboratorio. “There isn't anything I wouldn't do for you~” Asomó la cabeza hacia afuera, asegurándose de que no hubiesen testigos de la pequeña misericordia que estaba mostrando, y luego hizo ademán con el brazo ocupado con la guitarra y su cabeza para que la chica le siguiera. “We stick together and we see it through~” Mantuvo la puerta abierta, esperando a que ella pasara primero, siempre con aquella sonrisa encantadora que había confundido a tanta gente en este mundo que no le mostraba amabilidad a casi nadie. “'Cause you've got a friend in me~” Connor pretendía seguirle, acompañar a la chica hasta que estuviese de vuelta con los suyos o por lo menos fuera del colegio donde los Serafines, Reapers y Banshees pronto comenzarían a rondar en busca de víctimas.
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Canción:
Intenté buscar un cover de la canción en un tono más bajo pero no encontré nada. No es tan importante, sólo imagínate que la canta mucho más bajo que la original.  :ongj:



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Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor] Empty Re: Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor]

Mensaje por Katori Takei el Miér Jul 31, 2019 3:45 pm

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Katori siguió siendo una estatua durante unos segundos después a terminar su canción. Estaban jugando a una partida de ajedrez silenciosa y que podría tornarse pronto en peligrosa. Sus ojos vidriosos vigilaban al ser arbóreo con extrema cautela ante lo que podía ser el previo de algo más violento. La dragona, que no tenía intención alguna de tomar esa forma, fruncía el ceño y se tensaba con cada leve agitar del contrario.
 
Era un chacal acorralado, un animal frágil pero con la determinación de sobrevivir. Tanta era su rigidez que no pudo recibir el amistoso golpe, en forma de aplauso, que el elemental empezó a realizar una vez había terminado del todo. Esos segundos parada se convirtieron en un sonido hueco y vacío en sus labios y la sangre subió a su cabeza, coloreando sus mofletes y zona inferior a los ojos en contra de su voluntad, destruyendo todo atisbo de dureza que quería mostrar. Para nada era un ser destructivo, pero en ese lugar no se toleraba ser alguien frágil con problemas y dilemas. Rápidamente sus ojos fueron a una parez, al lado izquierdo, y a los últimos rayos del sol, lado derecho, y tragó saliva. Era obvio que eso le había pillado a contrapié y es que era algo que jamás se hubiera esperado de alguien considerado como peligroso.
 
Su último e inefectivo movimiento de cautela fue dar dos pasos atrás. Terminó chocando contra un mueble con objetos, aunque no de forma tan estridente como la vez previa. La luz terminó por alertarla por unos segundos. Bendita fue la imagen del muchacho delante suya, algo con lo que no le haría tanto daño. Respiró aliviada, sin ocultarlo, aunque todavía conocedora de la falta de amor de algunos por el resto de "estudiantes". En su mente se empezó a formar ese arrebato de pasión por hablarle directamente, pero con un ademán sereno, cerrando los ojos, optó por calmarse. La voz del peliblanco hizo que el elemental se convirtiera, otra vez, en centro de su atención, escuchando sus palabras a la guitarra... y por qué no, a ella. En tan solo unos segundos ese porte tan amable, caballeroso y cálido le hicieron retomar los tonos calientes en su rostro. Agachó su rostro y, sin mirarle, soltó algo al aire. — I-igual que siempre. Umph. — Con pasos breves fue a la pizarra y en esta escribió, tomando una tiza blanca, su nombre. Durante unos segundos un "Takei Katori" decoró el encerado que la chica borró con su mano libre. Hubiese querido decirle que no era una damisela en apuros, no obstante eso era perder el poco tiempo que tenían.
 
Y es que, en realidad, seguían enrocados el uno con el otro. Katori no se atrevía a aproximarse a él ni un poco. Todavía sonrojada, miraba a la puerta como quien está en un matadero, siendo consciente de que en un momento u otro el verdugo podría entrar. La voz del chico, una vez más, funcionó como fuente de interés para la muchacha y su canción, ahora mucho más trabajada, familiar y cercana, hizo que Katori se abstrayese mirando por el ventanal. Tenía una voz que evocaba recuerdos de tiempos mejores y el mismo cerebro que la hizo sonrojarse provocó en sus labios una sonrisa plácida, como la que tendría alguien con calma en sus ser. Amigo o enemigo, Katori estaba segura de algo: tenía que fiarse de él. Si luego luchaban estarían en la misma situación que ahora, por lo que mejor ser fiel a los principios de uno y confiar en sus potentes palabras: podía ser un amigo.
 
Le miró cuando Connor había preparado todo. Katori sujetó su guitarra por el diapasón una vez más como arma, por si acaso, sin dirigirla al chico. Por mera precaución le dejó a ir primero, siguiéndole. Era raro, pero se sentía tranquila con alguien que sonreía tan despreocupadamente. Un vistazo al instrumento que portaba le recordó a su vida antes de todo aquello, cuando con libertad podría haberle dicho a Connor que su voz era increible o que quería tocar con él alguna vez, no obstante todo eso tendría que esperar. Por el momento solamente podían avanzar por los pasillos que, de vez en cuando y en la lejanía, regalaban puertas abriéndose, conversaciones inentendibles o pasos de desconocidos. Se sentía impotente ante todo aquello y de reojo miró a su acompañante. Era odioso el querer hablar y no poder, menos tras todo lo que había hecho por ella. Miró la guitarra y desdeñó esa idea. En los pasillos todo podía hacer eco y convertirse en presas de bestias atraídas por la música.

Y es que la muchacha se detuvo unos segundos con semblante serio para tomar la guitarra. Con tres notas, un "Fa", un "Mi" y un "Sol" de octava baja cantó, mirando a una pared, una simple palabra. — Gra ~ ci ~ as. — Concluyó. Se volteó hacia él tras haber perdido ese momento y desahogarse, dedicándole un cabeceo formal y una sonrisa comedida. Quería rebelarse contra las normas y esa era su forma, recién aprendida, más eficaz. Con su mano extendida, señalando, indicó que podían seguir hasta la salida.
 
Solo esperaba, mientras se movían por los pasillos, que eso no fuese romper la primera norma. Y es que la ambigüedad era un temible arma de doble filo.
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Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor] Empty Re: Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor]

Mensaje por Connor Buckley el Miér Jul 31, 2019 8:36 pm

Meanwhile... Back at the Lab
Con Katori Takei en el Laboratorio al Atardecer.

I said I didn't want trouble
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El tartamudeo un tanto testarudo de la chica le recordó un poco a Anwen y connor no pudo evitar una sonrisita boba. «Takei Katori. Curioso nombre.» Quizás una extranjera, o de padres inmigrantes, o qué sé yo. Al evento tristemente había llegado gente de todo tipo, era imposible saber quién había sido quién, en especial para gente como él, que no tenían mucho que ver ya con aquella institución.

La chica probablemente sería incapaz de ganar un sólo juego de póker debido a que Connor pudo ser testigo casi explícito de todas las emociones y pensamientos que pasaron por la cabeza de... ¿Takei? ¿Katori?... Su ignorancia cuando se trataba de cosas como esta era bastante grande y no sabría cuál sería el nombre y cuál el apellido. «Si fuese ALGO Hashimoto ya sería más fácil, pero así… Quién sabe.» Cuando la chica finalmente pareció hacerse a la idea de que Connor no iba a apuñalarle por la espalda, intentó mantener la cara relajada cuando se le acercó blandiendo su guitarra como un arma letal. Lo único que le pasaba por la cabeza era la imagen del “Cabazorro” pegándole guitarrazos a los distintos bandidos.

Salió del Laboratorio primero al darse cuenta que la chica no quería ir primero. Lo entendía perfectamente, sentía que lo único que quería era sobrevivir y él no deseaba hacer nada que le incomodara ni hiciera sentir en peligro. Si quería que él fuera primero para no perderle de vista, no tenía ningún problema en hacerlo. «Y si ella decide apuñalarme por la espalda, bueno… Será una historia graciosa que contarle a los nietos en algún momento.» Musitó en su mente, completamente incapaz de concebir un mundo donde él y Anwen no salían de ahí con vida.

Avanzó en silencio, queriendo preguntarle qué era lo que le había pasado por la cabeza cuando se metió en territorio ajeno sola y desarmada. Si estaba sola, si tenía un grupo y comida, si necesitaba que él le acompañara hasta alguna parte. Se había hecho tarde y Connor no había alcanzado a encontrar un lugar seguro para enraizarse, si quería hacerlo sería bastante peligroso y tendría que cruzar varios lugares que se transformaban en infiernos por la noche. Apretó un puño con fuerza, sintiendo la impotencia que le generaba la primera regla y todo lo demás, frunciendo el ceño involuntariamente.

Escuchó más que vio que la chica se había detenido y el peliblanco se giró de golpe, demasiado acostumbrado a los ataques silenciosos de Serafines en los pasillos. Vio la vida de la chica pasar frente a sus ojos, no fueron más que un par de imágenes debido a que no la conocía para nada, pero de cualquier manera tuvo la sensación de que iba a morir o ya lo había hecho, ahí detrás de él en el más sumo silencio.

Con una completa expresión de pánico en sus ojos, se llevó una mano al pecho, sintiendo que su corazón había decidido correr una maratón sin avisarle. Connor soltó el aire que había tomado en una bocanada de sorpresa y miedo al darse cuenta que había dejado de caminar a propósito para agradecerle. «Vale, quizás este mundo de mierda sí me está afectando un poco.» Pero eso nunca se lo admitiría a nadie, se llevaría ese momento de debilidad y pánico a su tumba. Sonrió con un poco de aprensión ante la leve reverencia de la chica, respondiendo con un ligero cabeceo propio, un poco perturbado por el susto que había pasado. ¿Qué le pasaba? No importaba, ya tendría tiempo para sentarse y pensar en sus sentimientos cuando no estuvieran en peligro. Tenía que encontrar alguna manera de lograr que ambos estuvieran a salvo esa noche.

A suerte de Connor, incluso antes de caer en este maldito mundo solía hablar bastante consigo mismo y aquello le salía con bastante facilidad. “Podría quedarme aquí esta noche y dormir con los Elementales, o bien puedo ir a echar raíces al Parque. Hay que cruzar muchos lugares antes de llegar al Parque, son bastante peligrosos, pero si es necesario podría hacerlo de todos modos, quizás podría tomar algunos desvíos para evitar las zonas más peligrosas.” Connor ralentizó un poco el paso mientras hablaba en voz baja. «Desvíos que quizás te sirvan a tí, Takei Katori.» Pero quizás la chica no tenía donde ir. Esa posibilidad hizo que se le anudara el estómago.

“Siempre está el escondite en el Parque que puedo usar en las noches, el problema es llegar ahí ahora que el sol se puso.” No pensó en la chica, ni la miró mientras hablaba, centrándose en vez en juguetear con la guitarra, dirigiéndole sus palabras. Quizás eso estaba demasiado cerca de romper la primera regla, pero su instinto de hermano mayor había sido gatillado con la chica espantada y no estaba pensando con tanta claridad como le hubiese gustado. Connor se detuvo y volteó la cabeza para mirar a la chica con una media sonrisa, una invitación en sus ojos. «Puedes esconderte conmigo hoy si lo necesitas.»

No sabía si pensar en lo que quería decir ayudaba a que su expresión comunicara mejor las palabras que no podía decir, pero lo intentó de todos modos, no podía perjudicarle en ese momento intentarlo. Estaban llegando a la salida y quería asegurarse de que iba a estar segura esa noche, de otra manera tendría que salir al campo de batalla y escoltarla a donde fuera necesario.  
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El Cabazorro:
Me siento viejo, pero sólo puedo pensar en este personaje cuando Katori toma su guitarra así. Es bastante gracioso.  :onlol:



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Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor] Empty Re: Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor]

Mensaje por Katori Takei el Jue Ago 01, 2019 11:58 am

Meanwhile... Back at the lab
Lab. de ciencias - ~18:50 PM - Priv. Connor

A medida que las dos almas diferentes se movían por los pasillos, guiados por una voluntad demasiado similar para lo grotesco del juego que tenía lugar en el colegio, los rayos de Sol vespertinos iban, poco a poco, siendo menos. Sí, el tiempo se les había hechado encima y, aunque no sufriría ninguno de los dos la noche cerrada era posible que ambos terminaran llegando a ver la luna desde un lugar seguro sobre la campana.
 
Más relajada, todo lo que podía estarlo, miraba al elemental desde un par de pasos atrás. Tenía muchas dudas sobre todo, aunque esa era una sensación bastante común en ese inframundo tan particular en el que vivían. ¿De dónde era? ¿Por qué la ayudaba? ¿Qué intención tenía en realidad? Acostumbrarse en ese espacio tan agresivo a la ayuda ajena, menos como dragón, era complicado. Cada vez que una de esas ocasiones sucedía el lado humano era el que llamaba al sosiego, mientras que la desconfianza se encargaba de plantarla con total normalidad el día a día. De vez en cuando se seguían oyendo cosas en el colegio. Sonidos lejanos que, por suerte, todavía estaban lejos de ellos. Posiblemente las traiciones con sangre y caos se desatasen al anochecer, cuando ver era difícil y el miedo se apoderaba de todo lo que quisiera respirar un día más.
 
Pronto, y para matar el tiempo de camino silencioso, empezó a acariciar el cuerpo de la vieja guitarra eléctrica que llevaba. Bufó suavemente, odiando estar atada por las normas. Nunca le habían gustado esas imposiciones absurdas de los adultos, pero para su desgracia ahora eran algo más. Para salvarla de la monotonía el muchacho empezó a hablar y Katori, más enajenada tras oír su voz sin música que contenta, le miró con un rostro descuadrado y distante. Su corazón volvió a latir. ¿Era esa la trampa para que rompiese la regla? Siguió mirándole sin, lógicamente, cruzar miradas, a punto, como un volcán, de irse por su cuenta para no arriesgarse. Lo poco que escuchó, no obstante, le hizo ver a la acalorada dragona que no se dirigía a ella y estaba hablando... ¿solo?
 
No le llegaba a entrar en la cabeza, todavía, a Takori lo que el muchacho hacía. Era posible que el lado orgulloso y de independencia suyo, fuerte incluso cuando no tenía que serlo, le estuviera diciendo que eso no era para ella y que su ayuda, aunque bien intencionada, no era necesaria. Era un dragón, maldita sea, no podía depender de otros si tan poderosa era. Analítica, no fue hasta su segundo mensaje, más obvio, que respiró por la nariz como si se hubiese quitado un peso (o una idea) de encima. Asintió sin que Connor pudiese verlo y aguardó hasta llegar a la puerta de salida, justo donde posiblemente todo se volviera más complicado. Allí tomó un trozo de piedra, agachándose, posiblemente de algún combate que hubiera desprendido parte del edificio y deteniéndose otra vez en la entrada escribió en piedra sobre piedra, sin hacer una marca, solamente dejando que se viesen letras de los restos de la roca descompuesta. Por último carraspeó para llamar su atención y no perder más tiempo del debido.
 
"DESVÍO. CUIDADO. ESCONDITE. OK." Con un poco de suerte eso se perdería entre todos los mensajes que había por algunas paredes y entre la sangre y ruinas del sitio. Señaló al mismo y asintió, silenciosa, para luego poner rumbo al parque, lugar al que había estado. El aire fresco del exterior no traía, como en el exterior, esa sensación de pulmones llenos y libertad si no que, ahora, era un recordatorio natural de que podías ser atacado en todas direcciones y que en el colegio había excelentes cazadores. Nada más volviesen a andar Katori tomaría su lugar a su lado, ya no tan atrás, dispuesta, brava, a no ser tan protegida por el elemental piadoso. Y es que quería ir con él para ver si en aquel escondite podían tocar juntos y contarse todo aquello que, por lo menos ella, necesitaba sacar de su maltrecho pecho para descargar una parte de su dolor.
 
Orgullosa, podía decir que no se arrepentía de haber ido al laboratorio... y es que algunos de esos encuentros daban la vida en lugar de quitarla. Con un poco más de suerte, y ella era consciente de esto, podría conseguir un alojamiento y algo de comida sin jugarse la vida. Los dragones no llevaban alimento habitualmente y salir de allí para ella era como una afrenta a una norma invisible que su propia cautela le había impuesto. No era de extrañar que, con tanto aislamiento, el estómago de la muchacha sonase, rugiese, como el de un dragón de verdad, delatando ese hambre ahora que se acercaba la cena. Disimulando sus mofletes delatores, miró hacia otro lado, fingiendo una vigilancia que no hiciera pensar que fue ella la del sonido, aunque era bastante obvio que no podía haber sido nadie más.
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Off:
Omg no sé por qué, pero me suena mucho ese dibujo. Posiblemente lo viese en la infancia, pero ni idea ahora (?).


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Mensaje por Connor Buckley el Vie Ago 02, 2019 1:38 am

Meanwhile... Back at the Lab
Con Katori Takei en el Laboratorio al Atardecer.

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Connor creyó, por un momento, que la chica no le respondería absolutamente nada. Algo en su expresión o cómo tensaba su cuerpo le puso un poco nervioso, aunque quizás era sólo idea suya. No había pensado bien en sus acciones, quizás estaba caminando directamente a su muerte, quizás su cuerpo alimentaría un grupo de cuasi humanos hambrientos. Se estremeció de sólo pensarlo, y luego tomó aquella idea y la pasó por una trituradora mental para luego prenderle fuego con un soplete. «Fé, Connor, no puedes convertirte en un cínico ahora.» Era cierto, tenía que mantener su humanidad y cordura a como dé lugar y si su mente comenzaba a generar ideas como esa sin permiso sería el principio del fin.

De todos modos se sintió un poco más tranquilo cuando la chica se detuvo una segunda vez. Curado de espanto ya, se giró creyendo que su acompañante iba a volver a tocar guitarra. Intentó no mirarle mucho, quedándose sólo medio girado y observándola de reojo mientras escribía algo contra otra roca. Se dedicó más a cuidarle la retaguardia, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie se aprovechara de lo distraída que estaba. Sólo miró detenidamente cuando Katori carraspeó para llamar su atención.

Asintió después de leer las palabras que había escrito la chica, frunciendo el ceño en concentración mientras sopesaba las opciones que tenían. Era un camino bastante directo, ahora que lo pensaba, sólo tenían que rodear el edificio del que habían salido, el Parque estaba directamente detrás. «Entonces es simple, solamente tenemos que evitar toparnos con cualquier persona.» Connor creía en su habilidad de esconder a Takei, no era difícil y a él no le habían atacado mientras dormía. Si, por el contrario, tenía que protegerla de alguien con sangre en la mente, dudaba muchísimo que el resultado fuese favorable para él. Moriría por proteger a alguien, sí, siempre, pero no sabía si eso sería suficiente. «La gente está muy loca.»

Connor notó que Katori había decidido confiar en él lo suficiente como para caminar a su lado e inconscientemente cambió su guitarra de lado para que no se interpusiera entre ellos. De esa manera, si algo les atacaba podía cerrar el metro de distancia que les separaba sin mucho problema. Bajo esa misma idea, se le pasó algo por la cabeza. Él casi nunca se movía después de que oscurecía y probablemente las reglas del juego cambiaban. Su forma humana quizás no era la adecuada para movilizarse en ese momento.

Realmente en su forma de Ent no era mucho más lo que podía hacer que en su cuerpo humano, pero por lo menos podía disuadir al resto de un ataque oportunista hasta cierto punto. «En realidad no sé cuánto miedo puede meter esta forma, cualquiera con fuego sabría que soy blanco aún más fácil que como humano.» Por más que lo intentara, era incapaz de ponerse en los zapatos de seres como los Demonios y Vampiros que rondaban esperando humano. Hubiese sido bastante útil en ese momento para decidir si quedarse como humano o transformarse en Ent. En forma humana quizás me ven como blanco fácil, o quizás recuerdan que soy humano y les da lástima asesinarnos. Pero quizás en forma de Ent crean que tengo mucho poder, o quizás que el resto de los Elementales están cerca, o que soy tan TAN poderoso que no me importa que sepan de qué raza soy. O quizás les da másrabia contramíporestar enformadeElemental o ysidecidenquesoyunaamenazaymeasesinansóloporquenecesitanmade
raparaelfu
egoysiquizásenvezdeeso-
«¡BASTA HOMBRE!.»

Connor se detuvo por un momento y suspiró pesadamente, intentando calmar el galope al que iba su mente desbocada. Abrió el puño que había hecho y apretado con fuerza inconsciente y luego sacudió un poco su mano para restaurar la circulación. Esta era una de esas decisiones que podrían costarle la vida y no quería tomarla a la ligera. «Pero tampoco es para ahogarse en ideas y caminar hasta que lleguemos a donde vamos sin tomar una decisión, sigue tu instinto imbécil.» El lado de su mente que estaba más lúcido tenía razón, llevaba suficiente tiempo en este lugar sin haber muerto como para confiar en sus instintos.

“No puedo defenderme de nada en esta forma.” Musitó, tanto para su beneficio como para el de la chica. Había decidido tomar su forma Elemental nuevamente y no quería asustarle ni nada por el estilo.

Otra vez su abrigo/capa se enrolló alrededor de sus extremidades mientras se transformaban en madera y alargaban. Desde dentro de su pecho comenzó a brillar tenuemente la luz cálida, lo único que demostraba que estaba vivo en aquella extraña forma. Mientras crecía los veinte o treinta centímetros, su cuerpo de madera chirreaba y se reacomodaba suavemente generando un sonido de ramas quebrándose y crujiendo. Sus ojos se tornaron completamente negros y sus orejas se estiraron hacia los lados como si de un Elfo se tratase. Quizás cuando tomó la decisión de ser Elemental, una pequeña partecita suya susurró Elfo y eso se había traducido en aquellas extrañas orejas.

El Ent se estiró con aquella expresión completamente neutral que no sabía que llevaba. Connor sonrió, un gesto un tanto más vacío ya que no tenía dientes, sólo una boca llena de aquella luz cálida que se escapaba por la apertura. Tomó la guitarra por el mástil, blandiéndola como Takei lo había hecho, y siguió su camino sintiéndose un poco más seguro. Por lo menos la guitarra de él era de madera sólida y bastante pesada ya que simplemente había transformado un tronco completo en algo que pudiera reproducir sonidos parecidos a los de una guitarra normal. Tenía una caja de resonancia, pero estaba bastante cubierta de una corteza gruesa y varios nudos de madera densa.

En un aprieto, definitivamente podría usar aquella guitarra improvisada como el cabazorro y causar un poco de daño, quizás distraer lo suficiente como para largarse a paso veloz. “Mucho mejor, creo…” Murmuró al aire en un tono casi imposiblemente bajo que hizo retumbar las cuerdas de su guitarra mientras giraban en la esquina del edificio, dirigiéndose ahora directamente hacia el Parque que quedaba detrás de este.

Inconscientemente, quizás debido al peligro que sentía en el aire, estiró su brazo libre levemente detrás de Katori, como para cubrir su retaguardia. Era un gesto estúpido, como cuando los padres que van manejando y frenan fuerte estiran la mano hacia sus hijos. Probablemente no evitaría que algo le atacara de la misma manera en que un niño vuela por la ventana con o sin el brazo parental en frente suyo, pero el instinto era mucho más fuerte e irracional que la inercia.
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Guitarra:
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Mensaje por Katori Takei el Vie Ago 02, 2019 9:57 pm

Meanwhile... Back at the lab
Lab. de ciencias - ~18:50 PM - Priv. Connor

Katori y Connor parecían tener un plan. O planes, pues la japonesa no sabía nada de lo que pasa por la cabeza del contrario a la hora de llevarla al parque y, más importante, dónde exactamente se esconderían. Tampoco sabía qué rodeos iban a dar exactamente y eso ponía sus pelos como agujas, temerosa de lo que pudiera tener planeado el elemental. Una neblina de desconfianza cubría aquel lugar y eso era imposible de borrar; tan imposible que hasta el gesto de ponerse a su lado ya era una forma de protección al conocer que sus habilidades, pese a que eran poco usadas, funcionaban bien solamente en las distancias cortas. Tomó aire y lo expulsó con lentitud. No pintaba aquello todo lo bien que podía, pero al menos esa humanidad que retenía le hacía creer fervientemente en que todo iría bien si se mantenía firme.
 
De nuevo volvió a pensar en el escondite. ¿Habría más gente? ¿Elemental tal vez? No tenía ni idea y pararse a escribir dos preguntas tan largas era ponerse una diana sobre sus cabezas, tal y como aquel zagal europeo que disparaba a las manzanas situadas sobre cabezas con precisión insultante. Hizo un disimulado mohín al pensarlo. Perderse en esas cosas infantiles era algo que no le gustaba pero que, al final, le ayudaba a imaginarse situaciones mucho mejores, pero mucho, que lo que ofrecía la escuela. ¡Pero seguía sin respuestas! ¿Por qué él tenía un escondite? Eso era injusto para muchos, como ella, y solo que ella hubiese tenido la clemencia de que su rival no quisiera combate no quitaba que mucha gente pacífica vivía bajo el yugo del miedo y la segregación "racial". Aquello le hizo pensar y se abstrajo irresponsablemente, aunque por algún motivo siguió con ese tren de ideas mirando a los últimos rayos del sol, naranjas y brillantes como el fuego.
 
Y sobre eso vino su siguiente idea. Revisó a Connor con mirada neutra, incluso algo apenada, al recordar que, quizá, ella no debía mostrarse como era ante él. Era una dragona que, además, controlaba el fuego. No tenía predilección por esos seres, pero quizá en el malhumorado momento en el que pasó la explosión fue como mejor podía representar sus emociones. ¿La dejaría tirada? Le encantaría decir que eso le daba igual, mucho, pero lo cierto es que se estaba bien teniendo un hombro en el que apoyarse aunque solo fuese a durar unas horas. Además, ¿por qué tenía que ocultarse ella? Entre el orgullo draconiano y propio de su personalidad y el deseo de compañía más allá de las alianzas estratégicas del colegio bailaban sus neuronas.
 
Como si fuese la chica un vehículo a gran velocidad el hecho de que Connor se parase y que ella estuviera distraída trajo un momento de brusquedad, volteándose para simplemente verle respirar profundamente. Templándose. Instintivamente, sin pensar mucho, empujada por el ardor de lo que justo acababa de pasar por su mente, alzó su mano y le dio una suave palmada de ánimo en el hombro para que siguieran adelante. Donde no había sonrisa había una cabeza que con un duro movimiento quería indicar que todo iba bien... o que eso es lo que tenían que pensar. Ya decían algunas leyendas que los malos pensamientos traían malas situaciones, por lo que mejor no tentar al folclore popular.
 
Un sonidito sin palabra similar a un "¿Hm?" salió de su boca al oirle. La transformación le hizo hacer un amago de paso hacia atrás, aunque abortó el mismo con más alma que cerebro, como si quisiera dejar claro a cualquiera que pudiera pensar lo contrario que ella no tenía miedo. Tragó saliva, eso sí, ante la impresión de un proceso que ella hacía -y de forma menos elegante- pero que se antojaba como doloroso pese a no serlo. Sin duda causaba un ligero shock para cualquiera que no viese un cambio tan drástico en tan poco tiempo. Volvió a decir que "sí" con un movimiento de cabeza y se aproximó a él una vez más, aunque con las alarmas y alertar listas por mero cuidado.
 
Comprender o intentar ser amiga de un ser así, en su forma elemental, era también una carrera de obstáculos. De un golpe podía mandarte a volar y sus gestos, más que calma, generaban en Katori una sensación de disgusto. Era como ver a un árbol ancestral empezar a moverse. Imaginar lo que sentiría cualquiera al caminar de noche por una zona boscosa y que uno de los miles de árboles cobrase vida no podía si no generar, como mínimo, una gota de sudor frío. Podía ser una cuestión de gustos; a ella le gustaban los dragones... más o menos, por lo que era más que probable que otra gente lo viese como algo normal o agradable a la vista por mucha vida que irradiase esa tenue y suave luz.
 
Independientemente de gustos ahora ya estaban listos y armados. Preparados para todo para cuando llegasen al parque. Podían ser asaltados por algún cambiaformas de esos que... ¿cazaban? ¿Podrían cazar? No, ya no tuvo tiempo para más actitudes adolescentes casi jóvenes adultos y de persona insegura. La madera alrededor de su nuca, de hombro a hombro, le hizo dar un largo respingo. Pensó, innegablemente, que iba a asfixiarla pero la lentitud y mesura del movimiento hizo que no agarrase la guitarra con tanta fuerza. Cerró un poco sus ojos, caminando a ciegas, como en una nube muy momentánea al sentir un calor inexistente en la madera pero creciente en su fuero interno. Sonrió un poco, otros segundos delatores, y en la guitarra, tras abrir los orbes rosados, tocó las mismas notas que antes para dar las gracias: "Fa", "Mi", "Sol".
 
Apoyó un poco su cabeza sobre la madera, como si fuese un gato contra un poste de rascar. Negó ligeramente ante los buenos gestos de Connor y ya cerca del parque volvió a estar vigilante, sin querer que fuesen emboscados. Sobre la tierra, con la puntera de su bota, dibujó un signo de interrogación cerrada, sin saber dónde estaba exactamente su escondite. El Ent debía llamar la atención, por lo que ahora antes que nunca quería esconderse y no volver a salir hasta que el sol que tanto la animaba bañasen la escuela con sus rayos. Eso y cenar. Tenía hambre. Con la mano libre se aferraba a la parte de la "mano" del elemental que sobresalía, en sepulcral silencio, como un gesto de cercanía y otro de control de una de las extremidades de su amigo mientras era guiada a esa terrenal tierra prometida.
 
Bendito crepúsculo. Y bendita buena suerte estaba teniendo.
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Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor] Empty Re: Meanwhile... Back at the lab. [Priv. Connor]

Mensaje por Connor Buckley el Miér Ago 07, 2019 8:50 pm

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Con Katori Takei en el Laboratorio al Atardecer.

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I'm the boy in the bubble
But then came trouble.

La pequeña palmadita había sido más que suficiente para disipar el resto de las aprensiones que guardaba sobre aquella situación en la que se encontraba. Muy probablemente proteger a Takei no sería demasiado problema, y muy probablemente no se arrepentiría de haberlo hecho. Ella también estaba haciendo un esfuerzo por confiar en él, o por lo menos eso daba a entender con sus pequeños saltitos de gato espantado. No la culpaba en lo absoluto, aunque a él no le había tocado morir de maneras horrorosas como a muchos de los otros, no podía ni imaginarse lo mucho que le costaría estar en la situación de Katori y lograr confiar en un desconocido en aquel mundo.

No notó su gesto sobreprotectivo hasta que la chica volvió a tocar las tres notas, esta vez sin necesidad de agregar el agradecimiento verbal. «Esa es nueva, no se me hubiera ocurrido.»  Guardó aquella práctica en la cabeza, quizás podría inventar algo que significara “Te amo” o “Eres hermosa”, cosas que no podía decirle directamente a Anwen. Connor no retiró su brazo al notar que no parecía molestarle a la chica. No mencionó los gruñidos que salían de su estómago pero sí intentó recordar si tenía algo de comida en el escondite mientras cruzaban hasta el principio del Parque.

Asintió hacia la localización de su escondite ante el signo de interrogación dibujado en el piso, sintiéndose un poco más seguro ahora que estaban en territorio de Ninfas. Sonrió levemente, o creyó hacerlo, cuando Takei tomó su mano para seguirle por el pequeño bosque que poco a poco revitalizaba su mente y energía. Sus pasos eran casi completamente silenciosos entre la tierra de hojas aunque su cuerpo crujía como todo el resto de los árboles a su alrededor. En esa forma, Connor se sentía como parte de algo aún más grande, ahí entre el resto de sus compañeros de madera.

No era algo que podía explicar, no sabía si era normal o si le sucedía al resto de los Elementales cuando estaban en su elemento propio, pero se sentía completamente en paz en el Parque. Suspiró después de un par de minutos de caminar, deteniéndose suavemente para no asustar a Katori. Connor soltó su mano con una delicadeza que no correspondía a su cuerpo, poniendo sumo cuidado en no hacerle daño, y tomó la guitarra para usarla como instrumento musical y no arma blanca.

Usando el mismo punteo simple, probablemente el único que podía tocar en esa forma demasiado enorme para una guitarra, se dirigió a la chica mientras evitaba su mirada. “Los Elementales tienen su lugar seguro, pero yo no he sido tan suertudo. En las noches necesito raíces echar para mi energía poder recobrar.” Detuvo el punteo por un momento para señalar aquella luz cálida en su pecho. La voz del Ent parecía ser menos imposiblemente baja ahí entre los chirridos de los árboles que se mecían, escondiendo los bajos del tono de Connor entre los sonidos de hojas moviéndose al son del viento.

“Es por esto que he creado un escondite seguro, para poder dormir cada noche más tranquilo. No es nada muy complicado, pero sí está bastante escondido. En el corazón del bosque está, esperando nuestra llegada.” Apuntó hacia donde se encontraba el escondite con un brazo, ladeando la cabeza con otra sonrisa de una boca llena de luz cálida. No quería detenerse demasiado tiempo en aquel lugar, tan solo lo suficiente como para tranquilizar a su acompañante, asegurarle que no la llevaba a una trampa ni nada por el estilo.

Antes de volver a encaminarse, se apoyó contra un árbol con la guitarra entre las manos. Cerró sus ojos completamente negros por un momento para tomar de la energía que se alojaba en su pecho y al abrirlos brillaban con aquella misma calidez. Desde los hoyos que mostraban la luz interior del Elemental se coló un hilillo hecho de la misma, y éste se hundió en el clavijero de la guitarra improvisada. Una de las manos de Connor tomó aquella parte de la guitarra y, con movimientos sumamente lentos, estiró la punta del clavijero para luego doblarla hacia adentro, asemejando un gancho.

Hecho esto, colgó la guitarra de una de las ramas que cruzaban sobre su pecho para dejar ambos brazos libres. La luz que brillaba desde su interior se había opacado muy ligeramente debido a que ese hechizo no necesitaba de demasiada energía, pero ya que el sol se había puesto hace varios minutos la diferencia se notaba a simple vista. “Ahora sí estás lista para la caminata, guitarra mía.” Murmuró en aquella voz imposiblemente baja, dirigiendo su mirada al instrumento que colgaba de su pecho. Dicho esto, volvió a extender un brazo hacia Takei, ofreciendo tomarle de la mano para guiarle el resto del camino hacia el escondite.
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Mensaje por Katori Takei el Jue Ago 08, 2019 3:05 pm

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Los últimos rayos de sol eran tan cálidos como la escena que ambos estaban viviendo. La verdad es que era agradable estar con alguien que no juzgaba su forma de cumplir la norma y, además, podía sentirse segura de que no era ella quien cooperaba con Connor si no que, en todo caso, era al revés. Eso la hizo fruncir un poco el ceño al fijarse en el detalle de que Connor estaba ayudándola a tener un alojamiento y todo aquello tan benévolo. No, no le hacía ninguna gracia. Miró al elemental de madera desde abajo, pensando como podía evitar meterle en un lío mayor aún y solo se le ocurrió una forma: no aceptando la cooperación. Podría ser brusco, pero era la única manera que tenía de no ser una aprovechada. Tenía que tratar a los demás como ella querría que la tratasen... o algo así.
 
No tardó demasiado en dejar de mirar a la figura de madera y comenzar a otear con cautela los alrededores. No le importaba que fuesen ninfas, elementales o cualquier otro ser. Todo lo que no fuesen dragones, como ella, estaban en la lista negra para tener cuidado con ellos. La confianza depositada en un altruista Connor no le hacía confiar en toda su raza. En un sitio así tales bondades gratuitas solamente sesgaban vidas y causaban más dolores que alegrías.
 
Su problema de hambre, alimento, tendría que resolverlo ella misma también. Por suerte ella tampoco estaba tan desamparada en aquello y era algo previsora, tampoco mucho, y sabía que los dragones no eran buenos en aquello de ser solidarios. Katori entendía por qué, sobre todo al ver a miembros de todas las razas romper las normas, hacerlas picadillo, y juntarse con miembros de otras razas dándoles a conocer todos sobre ellos y sobreviviendo juntos. No podía meterse con ellos por hacer eso, pero no todos eran tan libres. Con un gesto suave deslizaba su cabeza entre los árboles y sus copas. Tenía que respetar a quienes no querían seguir las normas, pero nunca desviarse de su camino. Era tan japonesa que de su actitud se desprendía casi un extraño bushidō juvenil.
 
Con cierta lástima agachó la cabeza cuando este cantaba. No podía decirle nada todavía de que eso era cooperar a sus ojos, menos en movimiento, por lo que aguardó asimilando esas letras musicales al aire. No quería ser demasiado brusca ni hacerle sentir mal, a fin de cuentas la maldad gratuita no estaba entre sus acciones preferidas, ni mucho menos. Cuando se desviaron para que este hiciera su ritual Katori dio un par de pasitos atrás para colocarse en la posición óptima para tocar la guitarra, mirando en la dirección opuerta al Ent y no tomar su mano, por mucho que pudiera hacerlo. Negó suavemente como primer gesto y, haciendo de tripas corazón, tocó algo con brevedad, la justa para hacer lo mismo que él y lanzar un mensaje ambiguo sin remitente.
 
— Nadie me debe ayudar.
Este lugar está marchito.
Pues eso es cooperar.
Un acto maldito.
 
Comida, casa y luz.
A nadie voy a sacrificar.
Así no puede ser, pues...
En los míos lo he de hallar. —

 
Casi una letanía de octavas bajas y notas graves, Katori hizo una suave reverencia con una sonrisa tímida, agradecida y triste a partes iguales, emociones que expresaban sus ojos a medida que su mano derecha subía por los trastes para llegar a notas más animadas y repetir, como una máquina, el famoso "Fa", "Mi", "Sol". Al menos desde allí fuera ella ya se sentía menos atada por los traicioneros muros y aulas y podría orientarse hacia el escondite que habitualmente utilizaba para guardar algunas cosas. Le daba pena esa despedida, y de hecho esperó a que Connor reaccionase. Seguramente se volvieran a ver, quizá incluso no era nada más que el comienzo de una amistad entre personas de hacer parecido, pero para Katori era mucho peso el saber que podía empujarle a cooperar y se negaba. Bastante podían haber tensado ya la cuerda y no iba a permitir que fuese a más.
 
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Mensaje por Connor Buckley el Mar Ago 13, 2019 11:56 pm

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Con Katori Takei en el Laboratorio al Atardecer.

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Connor frunció el ceño, o por lo menos creyó hacerlo, ante la negación de la chica. ¿Había dicho algo mal sin darse cuenta? «Y eso que cuidé mis palabras. A veces puedo ser tan bruto.» Retiró la mano que había ofrecido, intentando evitar que Katori se sintiera presionada, y se dedicó a escuchar a su acompañante. ¿Contaba lo que estaban haciendo como “cooperar”? Quizás, pero la verdad era que si eso era cierto… Si ayudarse, aún sin conversar, contaba como cooperar, entonces toda su familia, sus amigos, la familia de Anwen… Todos estarían muertos. Y sería sólo culpa suya, por creerse más inteligente que los creadores de aquel asqueroso juego.

Asintió al finalizar la canción, sintiendo de pronto un poco de dolor por perder lo que hubiera sido muy buena compañía, por lo menos por aquella noche. Pero lo entendía, y no podía reprocharle nada a la chica, aún si para él era imposible ver aquella interacción como un incumplimiento de la regla. Respetaría sus deseos, si eso era lo que ella quería hacer no tenía derecho a instigarle a hacer algo que ella consideraba peligroso para su propia familia.

Connor volvió a su forma humana mientras tomaba la guitarra que había colgado en su cuerpo, sintiendo que si tenían que despedirse era mejor hacerlo de humano a humano. El peliblanco suspiró pesadamente sin esconder su desilusión ante las palabras de Takei y luego dejó escapar de sus dedos un rasgueo de guitarra bastante parecido al que había inventado ella.

“Entiendo que en este mundo hay que ser precavido, en especial porque las reglas se prestan para malentendidos. Hay mejores palabras que usar que “cooperar,” y ese hecho me hace pensar que están escritas para generar más malestar.” Explicó con la boca torcida en una mueca de disgusto. No le dedicaba mucho tiempo a quienes les habían puesto en ese lugar, pero cada vez que lo hacía no podía evitar que le hirviera la sangre. “Pero si lo que estoy haciendo te parece muy arriesgado, entiendo si prefieres irte por tu propio lado.” Su voz ronca sonaba un tanto amarga mientras entonaba palabras que claramente le costaba decir. No quería ni pensar en lo que le pasaría a la chica si la encontraba un Vampiro a mitad de la noche.

No detuvo el rasgueo, pero sí pausó su canto para suspirar otra vez, visiblemente frustrado de no poder explicarle a la chica con palabras fáciles y directamente lo que él creía. “Nada impide que encuentres mi escondite sin ayuda, ni que lo uses mientras yo duermo. Si despiertas antes que yo y te escabulles después de robarme un poco de comida, demostrarías que no eres mi amiga.” Le sonrió a la chica, dejando la invitación abierta a que se “aprovechara” de la situación, si eso le acomodaba más. Podía seguirle hasta el escondite, quizás escondida o en silencio como para que Connor no notara su presencia, y esperar a que tomara raíces.  Eso no contaría como cooperación, probablemente, si la chica le "robaba" algo.

No le molestaba quedar como un estúpido que no sabía cómo esconder su escondite ni cuidar de su comida si significaba que Takei sobreviviría una noche más. “Si prefieres no sacar ventaja de mi completa ineptitud y no te aprovechas de mi nobleza, esa benevolencia podría hasta ser más cooperativo que la alternativa.” Ese era el problema con aquellas reglas. La verdad nunca había sido objetiva, y las situaciones se podían manipular de modo en que claramente un ofrecimiento de comida y lugar seguro no contaban como “cooperación.”

“Si todo esto es muy complicado, no reprocho si decides marcharte. Entiendo que la seguridad de nuestras familias es más importante. Pero recuerda que si lo necesitas, soy un amigo que puede ayudarte.” Nunca dejó de cantar, aunque claramente las rimas se estaban desbaratando un poco y ya no podía evitar el “tú” en las letras improvisadas. El chico nunca había sido muy bueno para escribir letras ni nada parecido, y esta situación definitivamente estaba estirando muchísimo sus capacidades. En especial cuando se sentía tan, tan limitado y frustrado en aquella situación de mierda.

De cualquier manera, al finalizar su invitación se aseguró de acallar su guitarra y sonreírle a la chica. Se apoyó contra un árbol, desviando la mirada para recibir la respuesta para no presionarla. Quería dejar en claro que de cualquier manera no la juzgaba, no quería hacerle sentir mal ni obligarle a quedarse si no le acomodaba. Sólo le importaba que estuviera a salvo, y que le quedara claro que podía contar con él para cualquier cosa. No quedaba demasiada gente amable, o humana, en aquel mundo y Connor pretendía mantener a aquellos que no habían dejado su cordura de lado lo más cerca posible.

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Mensaje por Katori Takei el Miér Ago 14, 2019 1:34 pm

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Katori era alguien de ideas claras y decisiones en caliente. Sus buenas intenciones eran tan sinceras como, a veces, directas y, aunque para nada hubiera querido hacer sentir mal a nadie estaba haciéndolo. Era raro, pero no le gustaba despedirse, cuan desagradecida, de una persona que le estaba ayudando sin ningún tipo de contraprestación. ¿Y si era una trampa? En ese momento Katori no se lo quería plantear. Bastantes problemas habría dado ya si esa entidad controladora conocía de su acción y, por una razón u otra, decidía que aquello era cooperar.
 
Independientemente de todo aquello la japonesa no sentía que hubiera otra solución. Maldita sea, si tan solo los dragones pululasen más el colegio se sentiría mucho más relajada, sin tener que actuar con una coraza para evitar cooperar y con una actitud que no le gustaba tener cuando se daba cuenta que la linea roja estaba a punto de ser cruzada. Si lo que ella oía y lo que le decían era verdad, si hablar no es cooperar, dar alojamiento y comida sí lo era. Podía salvar lo de andar por los pasillos, podía salvar que este la recubriese con el brazo en un gesto neutro, pero no que la protegiese mientras dormía o le diera comida.
 
Escuchó su canción sin mirarle. Desvió la mirada a los segundos de ver que retomaba su forma humana. Se cruzó de brazos, estoica, sin querer una escenita melodramática, aferrándose al instrumento de cuerda que había estado reparando y con el que a veces tocaba. Su lenguaje corporal hablaba por ella, y es que quería eludir todo tipo de alusiones a su persona comportándose de una forma bastante poco natural, sin colaborar en el mensaje lo más mínimo. Si lo podría lograr efectivamente y convencer a la entidad chantajista estaba por ver. Agachó un poco la mirada al paso que sus rimas avanzaban, y es que ni ella podía tener nada clar en ese momento.
 
Cuando este terminó Katorí parpadeó un poco, pensativa. Tal vez existía la posibilidad de que aprovecharse de él fuera lo que era completamente contrario a "cooperar" y, tal vez también, fuese una forma de cerrar aquel círculo. Volvía a estar un poco roja por los comentarios del tipo, y es que no estaba acostumbrada a ellos, menos aún en ese colegio infernal. Suspiró y se alejó un poco más, sin mirarle, dándole el perfil para tocar con brevedad unos acordes repetitivos en el instrumento.

— No importa cuán lejos estemos.
 Ni cuanto esperemos.
 Nos duele no arriesgar.
 Si es que vamos a escapar. —

 
Rasgó con fuerza las seis cuerdas del instrumento con uno de esos sonidos que de verdad desfogaban al músico si hubiera corriente eléctrica allí. No se detuvo ni unos instantes antes de seguir, solamente parando para dedicar ese momento de impotencia al creador de esa maldición de juego. Bajó su ritmo y fuerza, siendo consciente de que podían atraer a otras razas a su posición y que solía perderse entre las cuerdas de su instrumento con facilidad.
 
— Escucho un lamento triste.
 Un llanto simple.
 Una emoción con cada canción.
 Un amigo - de corazón.
 
 ¡Escúchame tú, estrella fugaz!
 ¡Voy a seguir tu haz!
 Ya que es más fácil robar.
 Que al firmamento rogar. —

 
Sentenció, mezclando todo aquello que en su cabeza formaba una de esas tormenta de ideas alzando su voz por encima de la melodía. Tragó saliva unos segundos para habituarse al silencio casi nocturno y asintió al aire. Seguiría su plan de sustraerle comida y pasar la noche cerca para evitar que fuese una cooperación estricta, bien de él hacia ella por el favor o de ella hacia él por darse cuenta y querer ayudarle a no romper la norma. Katori no podía evitar sentirse como una reclusa con el agua hasta el cuello, pero eso de rendirse no iba con ella, menos con los dragones, por lo que con simpleza esperó a que comenzase a caminar para seguirle de lejos, a cinco o seis pasos de él, no sin antes repetir el "Fa", "Mi", "Sol" que les había, de una forma u otra, unido.
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Mensaje por Connor Buckley el Jue Ago 15, 2019 8:18 pm

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Connor sintió esperanza al ver a la chica parpadear un poco ante su proposición, aunque lo escondió de su mirada. Quizás no importaba mucho, había escuchado aquella voz dentro de su propia cabeza y no había nada que le aseguraba que era la única vez que había estado allí dentro. ¿Cuán poderosa era? Era imposible saberlo, pero de nada servía creer que podía leer las mentes de todos y que sabía de cualquier manera quién cooperaba y quién no. Sólo ayudaría a perder la cordura más rápido, y Connor estaba bastante seguro de que eso era lo que la voz quería.

Sus pensamientos estaban a salvo, entonces. Probablemente. Quizás. «Joder, que no importa ya, si puedes leer mi mente ya sabes lo que haré y lo que he hecho, y si quieres impedirlo entonces haz que me parta un rayo.» La frustración del encuentro le había pasado un poco de la cuenta, por lo menos en su propia cabeza, y quizás desquitarse de esa manera era catártico.

Estaba demasiado ocupado puteando a los dueños de aquel “juego” como para notar el sonrojo de Katori, en especial en medio de la oscuridad que crecía por segundos, pero sí notó cuando la chica volvió a ponerse en posición de tocar su guitarra. «Entonces quizás se queda.» Pensó, sintiendo alivio prematuro. Ladeó la cabeza ante los primeros cuatro versos, sin entender demasiado a lo que se refería. Nunca había sido muy bueno interpretando poemas ni cosas por el estilo, así que simplemente ladeó la cabeza con una expresión de completa confusión y esperó a que Takei terminara de tocar.

«¿Amigo?» Entonces ella también lo sentía, un nuevo lazo que le imposibilitaba simplemente dejarla tirada aquella noche. Sonrió, desviando su mirada de la chica por miedo a comunicar más de lo debido, y escuchó el resto con atención. Estrella fugaz. Era una hermosa manera de describir cómo brillaba la luz de su corazón en su forma Elemental, y sintió que las palabras depositaban algo cálido y suave dentro suyo mientras Katori terminaba su canto.

Entonces seguiría su plan. Borró la sonrisa de su cara, reemplazándola por un ceño fruncido y un intento de la misma expresión de desilusión que había llevado cuando la chica decidió ir por su propio lado. “Había que intentarlo. ¿Cierto, guitarra?” Murmuró con pena fingida en su tono. Volvió a su forma de Ent, aquella que le permitiría a la chica seguirle por el Parque con facilidad en la noche, y colgó la guitarra de una de las ramas que cruzaban su pecho antes de comenzar su marcha hacia su escondite.

Las tres notas le siguieron, una última afirmación de que había convencido a su nueva amiga de dejarle “ayudarla,” y tuvo que esforzarse para mantener la expresión neutra y desilusionada que había puesto en su cara. Caminó ahora con más propósito y a paso lento y ligero, recordando que sus piernas eran casi el doble de largas que las de su pequeña polizona en esa forma y no quería arriesgarse a perderla.

«Eso se soluciona fácil.» Quizás era un poco arriesgado, pero Connor no se había topado con nadie que se atreviera a entrar al Parque de noche por miedo a enfadar a las Ninfas. Sin descolgar la guitarra y sólo con su voz, comenzó un canto suave y bajo, tan bajo que se perdía con facilidad entre el viento para cualquier persona que no estuviera intentando escucharlo. “Well I am the boy who cried wolf, and I know I've lied in the past~”

De esa manera, aún si Katori le perdía de vista por cualquier razón, quizás podría seguir su voz. “But last night I saw his yellow eyes shining in the dark~” Revisó la luz que provenía de su pecho, asegurándose de que sí brillaba, y evitó darse vuelta para revisar que la chica seguía detrás de él.

Connor repitió la canción completa cuatro o cinco veces antes de llegar a su “escondite.” A decir verdad era menos un escondite que un lugar cuidadosamente camuflado. Le había costado varias semanas de preparación y recolección de maderas lo suficientemente grandes y luego un par más para armar todo con ayuda de sus compañeros Elementales, y le hacía muchísima mantención por sí solo. Era simplemente un lugar donde los árboles y vegetación del Parque parecían crecer más grandes y abultados uno al lado del otro en contra de una enorme piedra que hacía de muro en un lado.

Había buscado un lugar donde aquello sucediera por sí solo, y después de eso simplemente se dedicó a exacerbar aquella característica en el ambiente. Connor había aplicado todos sus conocimientos de scout y geógrafo para hacer que la zona no se viera demasiado sospechosa, haciendo que el cambio entre la vegetación más dispersa y la tupida se viera suficientemente orgánico como para que no fuera extremadamente obvio. Se veía más como si quizás en aquel lugar la luz y caminos de agua subterránea eran idóneos para el crecimiento de flora.

La mayoría de los árboles alrededor del escondite estaban muertos, y eso era porque el chico había relocalizado muchísimos árboles muertos alrededor del parque para hacer su camuflaje. De esa manera había evitado la furia de las Ninfas, debido a que no se había metido con nada vivo. Había elegido algunos arbustos con más espinas y que no daban frutos, y esos sí con permiso de las dueñas del Parque, los había localizado en lugares que de otra manera permitirían cruzar el escondite a pie sin problemas.

El lugar era tan recóndito, tan lejos del colegio y cerca de la niebla que recorría el perímetro, que poca gente llegaba a él en primer lugar. La zona más tupida, aquella por la que era imposible cruzar sin romper flora, no era más ancha que dos metros por dos metros, y estaba en contra de la enorme piedra. Era más fácil rodearlo, pasar por donde la vegetación sí lo permitía, aquello era simple naturaleza humana. Se veía lo suficientemente natural como para no pensar en primera instancia que había alguien viviendo ahí, en especial porque la mayoría del tiempo eso era cierto.

Fue hacia el centro de ese lugar que Connor se hizo camino, rodeando árboles y arbustos puestos estratégicamente para entorpecer el paso. Con más facilidad de lo que debería ser posible, movió ligeramente hacia un lado uno de los árboles muertos más grandes. A simple vista no se notaba que estaba completamente hueco y en una posición que le permitía hacer aquel movimiento sin tumbarse hacia un lado. Eso era lo que más le había costado. Había moldeado y enterrado las raíces de tal modo que, al moverlo de esa manera, se mantuviera erguido y le diera un pequeño espacio para pasar al lugar sin tener que pisar los benditos arbustos.

La verdad era que estaba bastante orgulloso del lugar, pero sabía que era cosa de tiempo antes de que alguien pasara a husmear por la zona y lo descubriera. No era nada demasiado complicado, Connor no era tan inteligente y sabía que había alguien que vería a través del camuflaje que había creado. Pero, por mientras, era el único lugar donde se sentía lo suficientemente seguro como para dormir y recargar sus poderes.

Pasó por la ranura que había generado entre los dos árboles y se aseguró de no cerrarla por miedo a que Katori no hubiera notado cómo funcionaba. El lugar no era completamente invisible desde afuera, eso había sido imposible de crear, pero cerca del suelo y casi un metro hacia arriba de este era bastante difícil ver a través de los arbustos. Era probablemente ahí donde Takei podría dormir sin problemas.

Connor se dirigió hacia la enrome roca -no le costó más que un paso- y se agachó en el piso para descubrir entre las hojas del suelo un pedazo de madera bastante plano de quizás veinte por veinte centímetros. Al moverlo hacia un lado, descubrió un pequeño hoyo que había hecho y aislado de la tierra con muchísimas piedras y donde guardaba un poco de comida que traían sus compañeros de afuera en caso de emergencia.

Él no era el único que conocía el escondite, todos los Elementales Neutrales lo hacían y tenían claro que podían usarlo si era necesario. Era por eso que mantenía comida en él. Normalmente algún tipo de carne de animales que habían cazado y luego ahumado para que no se echara a perder tan rápido. Eso era lo que tenía en ese momento. No era demasiado, tan solo dos pedazos del porte de su puño, pero sí quizás lo suficiente para saciar el apetito de una chica de tamaño pequeño. En especial porque era nutritivo y pura proteína.

Para guardar apariencias, Connor le dio un pequeño mordisco a uno de los dos pedazos y luego los puso de vuelta en el hoyo, volviendo a taparlo con la madera descuidadamente de manera en que se podía ver que había algo escondido ahí debajo. “Hogar, dulce escondite con comida.” Se murmuró a sí mismo al escuchar pisadas cercanas, moviéndose hacia una de las esquinas del lugar que estaban en contra de la piedra y luego girándose hacia esta para no ver la entrada.
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