Ambientación
El extraño evento a puertas abiertas de tu colegio debería haber sido la primera advertencia. Ya casi se acababa el año escolar, sólo los mayores de ocho años podían asistir a la celebración que prometía ser una de las mejores jornadas escolares.

Aunque todo estaba cubierto de nieve, el cálido sol invitaba a recorrer el decorado colegio. Tiendas de comida, competencias, juegos, eventos, música, foros de debate, tantas cosas sucediendo al unísono que fue imposible para cualquiera darse cuenta de la farsa.

Lo único que escuchaste fue la explosión proveniente del medio del terreno antes de que tus tímpanos retumbaran a tal frecuencia que los subsiguientes gritos de terror y agonía se convirtieran en silencio. El gas azul que lentamente nubló tu vista claramente tenía la misma procedencia. Sentiste como te ahorcaba, quemaba, ahogaba bajo el agua, como si tragaras arena o ácido; todo dependía de tus peores miedos mientras perdías el conocimiento.

En la oscuridad de la inconsciencia pudiste identificar palabras. Primero un susurro que te acarició mientras elegías tu nuevo destino, luego, cada vez más fuerte y como si proviniese de cada alma que había quedado atrapada en ese nuevo universo, las reglas del juego.

I. Jamás cooperarás con otras razas.
II. No intentarás comunicarte con el exterior.
III. Vivirás en este mundo y no en el exterior.
IV. Rompe una de las reglas, y un conocido de allá fuera muere.
¿Sobrevivirás el Juego?
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Mensaje por Anise Vöguel el Dom Ago 18, 2019 3:59 am

It Hurts Like Hell
Hace nueve meses

How can I say this without breaking?
How can I say this without taking over?
How can I put it down into words
When it's almost too much for my soul alone?
Anise lanzó el despertador contra la pared un par de segundos antes de que comenzara a sonar con suficiente fuerza como para reventarlo en mil pedazos. No había dormido, ¿Cómo hacerlo si no podía ni respirar? Sus padres además no le dejarían ir directamente al hospital, le obligarían a ir a la escuela. Los odiaba, los odiaba como nunca había odiado a nada en el mundo.

Había llorado todo el resto de la noche. Definitivamente no le quedaba líquido en su cuerpo, sus ojos se sentían secos y tres o cuatro veces más grandes de lo normal. Su garganta estaba seca y al rojo vivo de tanto gritar, lo había hecho hasta que la voz no le volvió a salir. Anise se quedó en su cama hasta que su padre abrió la puerta de su pieza con suficiente fuerza como para que se azotara contra la pared. “¡Anise Marie Vögler!” Vociferó sin dirigirle la mirada. En vez, miró el desastre en que la chica había convertido su cuarto con desaprobación y disgusto.

Él también estaba agotado, sin lugar a dudas, nadie había podido dormir aquella noche. A Anise no le importaba, nunca lo entendería, pero sus padres realmente estaban haciendo lo mejor que podían, lo que creían que sería mejor para ella. Papá Vögler estaba harto de repetirselo. “O te levantas este instante o-

“¡¿O qué?!” Anise se incorporó en su cama lo suficiente para disparar ácido por sus ojos. Su voz salió en un susurro casi inaudible, pero la intención del grito no faltaba. Iba a comenzar a discutir de nuevo, como si las seis o siete horas de la tarde y noche anterior no hubieran sucedido, pero su madre apareció en el umbral. “Amor, por favor no empieces de nuevo, no puedo…” Murmuró en el numerito más manipulador que Anise había presenciado en su corta vida.

No valía la pena, no cambiaría nada y ni siquiera quería quedarse en su casa. Ir al colegio por lo menos le sacaría del infierno que viviría en su casa. Se levantó de golpe y pasó de sus padres con empujones bruscos en camino a su baño, pisando libros y lápices que había desparramado por su pieza la noche anterior. En la ducha volvieron las lágrimas y Anise se agachó, abrazando sus rodillas con fuerza mientras sollozaba.

Kaz. La imagen del chico pálido y flacucho que había perdido aún más peso desde que le habían diagnosticado apareció frente a sus ojos como un horroroso recordatorio. No podía imaginar su vida sin poder verle. No quería hacerlo. Se había dado cuenta que lo quería como más que un amigo, justo en el momento en que le habían sentenciado a no verle nunca más.

Anise se dejó caer hacia un lado y pataleó, golpeando la pared de la ducha hasta que sintió dolor. No podía hacer nada, sus padres estaban locos, harían lo que fuera por hacerle cumplir esa sentencia. Y Kaz probablemente no sobreviviría cuatro años hasta que Anise cumpliera la mayoría de edad y pudiera hacer lo que quería.

Ese pensamiento le sacó el aire de los pulmones como si de un golpe en el estómago se tratara. Kaz moriría solo en esa pieza de hospital, y ella no se enteraría hasta horas o días después, en vez de acompañarlo hasta el final. No era justo.

De alguna manera llegó a la escuela sin haber desayunado más que un vaso de agua. Sus labios se habían partido y su voz había desaparecido casi por completo, quizás porque no se había largado de su casa sin intentar gritar más palabras cubiertas de ácido. No se había arreglado ni molestado con el uniforme ese día, estaba hecha pedazos por adentro y muy claramente por afuera también.

Pasó el día escolar como si estuviera debajo del agua. Todo se escuchaba muy lejano y la gente se movía más lento de lo normal. No sabía cuando paraba o volvía a llorar, o si lo estaba haciendo, pero un par de personas parecieron preguntarle qué le pasaba. Anise no era capaz de responder, ni siquiera si hubiese querido hacerlo. ¿Cómo podría alguien entender? Tenía que despedirse, para siempre, del chico que amaba. No podía ni siquiera confesarle lo que sentía, tenía demasiado miedo de que el dolor lo matara ahí mismo.

¿Y si esto hacía que Kaz muriese de pena? Aunque su amigo había sufrido un montón, sabía que esto sería igual de doloroso para él, aún sin saber lo que significaba completamente. Anise no pudo seguir ese razonamiento, era demasiado. Saltó con cada timbre como si la estuvieran electrocutando con un taser. Se movió de sala a otra siguiendo al ganado y flotando, completamente disociada de lo que sucedía a su alrededor.

En un punto dejó de sentir todo el dolor, ansiedad y rabia que le habían estado ahogando la mañana completa. No sentía nada. Quizás eso debería haberle preocupado, pero estaba demasiado aliviada de poder respirar tranquila por un par de horas. En un momento se encontró en la enfermería tomando una taza de té, y aparentemente ahí se quedó hasta que la jornada escolar se había acabado. Creyó escuchar a las enfermeras llamar a sus padres y responder con completa confusión cuando, de seguro, les habían respondido que Anise estaba bien y que se quedaría en la escuela a pesar de verse, sentirse y comportarse como un estropajo humano.

El último timbre le despertó del trance. La espera se había acabado, y ahora tenía que ir a Londres a, de alguna manera, explicarle a Kaz que sus padres no querían que lo viera más. El sólo pensarlo devolvió lágrimas a sus ojos, y pasó todo el camino a la estación de trenes y luego a Londres entre lágrimas y sollozos. Un par de adultos se acercaron a ella en el tren, preocupados, pero Anise había comenzado a gritar y empujar como un gato furioso antes de que se acercaran demasiado. No quería que nadie le hablara, ni que le tocaran, ni que intentaran hacerle sentir mejor. No era posible.

Había ido sola a Londres. Probablemente no era lo que sus padres querían, nunca le habían dejado hacerlo, pero al parecer Anise se había escabullido de ellos en la salida del colegio sin darse cuenta. Quizás no habían tenido la decencia de presentarse al hospital a explicarle a Kaz ellos mismos y le habían dejado el trabajo sucio a ella. Eso sonaba más posible.

El camino se le hizo eterno y demasiado corto al mismo tiempo. Su cabeza pasaba de pánico a luto a una furia que consumía su alma sin orden ni descanso. Se perdió un par de veces aunque había hecho el camino diariamente por años, pero entre las lágrimas, el cansancio y su estado emocional en realidad era un milagro que hubiera encontrado el hospital en primer caso.

El cuerpo de Anise dejó de responderle al cruzar las puertas del enorme hospital. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué podía decir? Sus piernecitas temblaron de miedo y cansancio, incapaces de responder sus preguntas. “Qué voy a hacer…” Susurró, horrorizada. Nada. No podía hacer absolutamente nada más que romper el corazón de Kaz y luego no verlo nunca más. Sus padres no dejarían que fuera de ninguna otra manera.


“Pe- Pero es que no entienden.” Había murmurado, todavía demasiado sorprendida como para enojarse. “No entienden.” Repitió a su madre, tomando su brazo en un gesto un tanto desesperado. “Yo…”


Sus piernas respondieron ante el recuerdo, doblándose de modo que Anise tuvo que dar un paso apresurado para no irse de cabeza contra el piso. La pequeña se tambaleó como pudo hasta una pared y se apoyó en ella. Había visto a gente en un estado parecido en aquel hospital, siempre había supuesto que era porque se acababan de enterar de que la persona a la que estaban esperando había muerto.


“Yo lo quiero mamá. Lo quiero mucho.” Hizo énfasis en la palabra, como si la estuviera pronunciando por primera vez y no estaba muy segura de cómo decirla. “Yo también lo quiero preciosa, pero no te hace bien-” Anise se paró de la mesa tan abrupta y violentamente que tiró la silla detrás de ella. “¡No entiendes!” Había sido el primer grito de la noche, pero definitivamente no el último. “Lo quiero, mamá, lo quiero. No me pueden hacer esto.” Pero sí podían, porque eran sus padres y sabían lo que era mejor para ella. O por lo menos eso le habían respondido. “¡Pero estoy enamorada!” Había reprochado, incrédula, iracunda, completamente confundida de que ese hecho no cambiase nada. Ya se le quitaría el enamoramiento adolescente, pero no dejarían que arruinase su futuro por ello, eso le habían dicho. ¿De qué estaban hechos? ¿De piedra? Ya lo probaría.

Anise se abalanzó contra su padre, que no se había dignado a mirarle a la cara mientras había dictado su sentencia. Golpeó su pecho y alcanzó a arañar su cuello antes de que su madre la tomara de la cintura. La pequeña se había girado para desatar su furia contra ella, pero entre ambos le habían retenido y arrastrado a su ducha, donde le habían metido con ropa y todo bajo el chorro frío.

No era la primera vez que lo hacían, pero definitivamente era la primera vez que Anise no se calmaba instantáneamente con el shock del frío y lo violento de la situación. Nunca había sido una niña fácil y sus padres nunca le habían enseñado ni ayudado a domar sus emociones. Simplemente empeoraban la situación con acciones como aquella. Anise se había zafado de la ducha, empleando el brazo por donde salía el agua como un arma contra el par de adultos.

La pelea había seguido, aunque en algún momento habían logrado encerrarle en su pieza para que se calmara. Anise había destruido todo lo que encontró, dejando salir su ira contra cualquier cosa que se le cruzara. Rompió cuadernos y libros, un estante, sacó todas las cosas de su closet e intentó romperlo sin buenos resultados. Todo esto mientras gritaba, tanto como para perder su voz. Cuando lo hizo, sus padres cometieron el error de abrir la puerta, creyendo que se había quedado dormida, pero Anise volvió a saltar, escupiendo palabras que ninguno de los tres nunca olvidaría.

Algo se había roto esa noche en la familia Vöguel, cada uno había gritado cosas que nunca deberían haber sido enunciadas en voz alta. Anise había hecho daño y sentía dolor de vuelta, físico y emocional, tanto que no creía ser capaz de recuperarse. En especial sin Kaz en su vida.


La pequeña niña se hizo camino hasta la pieza del chico que amaba y del que se tenía que despedir a paso muy, muy lento. Quería verle, desahogarse, llorar en sus brazos y dejarse contener por la única persona que podía hacerlo. Pero no quería decirle, explicarle por qué estaba así. No quería poner ese peso en él, ni hacerle daño.

La gente no le tomó demasiada importancia, la mayoría de las enfermeras ya le conocían y conocían la situación de Kaz. No era tan descabellado que Anise estuviera así, aún sin contar lo que había sucedido la noche anterior.


“¡Los desheredo a ambos como padres! ¡Son monstruos! ¡No son capaces de querer a nadie, ni siquiera se aman entre ustedes!” Anise había escupido el ácido directo a donde sabía que dolería. Su padre no había respondido, pero a su madre definitivamente le había dolido la acusación. “Si hubiese sabido que eras tú lo que iba a salir de mi, jamás te hubiera parido.” Su madre lo había mascullado entre dientes. Definitivamente Anise había sacado la capacidad de escupir palabras venenosas de alguna parte, de tal palo tal pequeña y dolorosa astilla. Anise había recibido el comentario con una fachada de acero, pero las palabras definitivamente habían corroído algo en su interior. “¡Basta! ¡No lo soporto ya! ¡No puedo seguir peleando con un par de histéricas!” Su padre, aunque aparentemente estoico, también había sentido el ácido y respondió con un propio del suyo. Por lo menos ella no había sido la única que había sufrido en la noche. Sus padres también se la habían pasado en vela gritando.


Anise sentía como si tuviese una bomba de tiempo en su interior, y no sabía lo que sucedería con ella al detonar. Cada paso hacia Kaz hacía que el segundero sonara con más fuerza, resonando en su cabeza hasta que las palabras de la noche anterior dejaron de hacer eco. Se le hizo un poco más fácil caminar, aunque sentía que sus piernas no daban para mucho más.

Levantó una mano para tocar a la puerta como lo hacía todos los días. Tuvo que esforzarse para hacer que sus nudillos, rojos y moreteados, sonaran en contra de la puerta. La abrió después de escuchar las palabras que la invitaban a entrar y dio un par de pasos hacia la pieza.

Claramente no se veía nada ni cerca de bien. No estaba usando su uniforme si no que una mezcla de pijamas, buzo y el primer polerón que encontró. Su pelo se había secado en nudos después de la ducha de la mañana y se encontraba hecho una maraña que Anise no se había molestado en atar de ninguna manera. Lo peor de todo era su cara. Sus ojos estaban completamente rojos y visiblemente hinchados, sus pestañas pegoteadas con lágrimas. Debajo de ellos las ojeras más grandes que Anise había tenido en toda su vida, oscuras aún sobre las manchas rojas que tenía de tanto llorar. Su nariz había pasado el umbral de rojo a una tonalidad fucsia, y sus labios se habían tornado pálidos y rojos en los lugares donde se habían partido. Tenía también un par de moretones en sus brazos y muñecas, debajo del polerón, donde sus padres habían tenido que reducir y retenerla para evitar que siguiera arremetiendo contra ellos.

Anise se acercó a la cama de su único y mejor amigo cabizbaja, sintiendo que le temblaban los labios y las manos mientras lo hacía. Su mochila cayó del hombro que la llevaba, demasiado pesada para seguir arrastrándola consigo, y la pequeña chica llegó al lado de Kaz para tomar su mano con más suavidad de lo que nunca había hecho. “K-Kaz…” Tartamudeó en el susurro de una voz ronca y sobre exigida. “Kazi…” Volvió a murmurar, dejando que su voz se rompiera en la última sílaba.

Sus piernas ya no pudieron más y se doblaron bajo su propio peso, dejando a Anise de rodillas. La chica se incorporó lo suficiente como para apoyar su torso sobre el regazo de Kaz, cuidando de no tironear sin querer las vías intravenosas y demás aparatos. Dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas mientras sollozaba, abrazada a su mejor amigo como si en ello se le fuera la vida.
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It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz Empty Re: It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz

Mensaje por Kaz Brekker el Lun Ago 19, 2019 11:29 pm

Dolía, siempre dolía.

A pesar de sentirse mejor y con energías un día, al siguiente ya estaba agotado, muchas veces se preguntó por qué su cuerpo era tan inútil, por qué no podía ser como los niños normales, ir a la escuela, jugar fuera, tener amigos.. Sus amigos mas cercanos eran las agujas que eran inyectadas en sus brazos todos los días, las vías respiratorias artificiales con oxígeno que le ponían en la nariz, los antibióticos, las máquinas, los doctores y las enfermeras quienes lo conocían de sobra, sus padres...

Muchas veces se preguntaba si realmente lograría recuperarse, si realmente pdoría salir y ver el mundo, sentir el aroma de las flores y correr por el prado, Correr y correr hasta que sus piernas no aguantaran y el aire de sus pulmones se viera escaso, quería ver el mar, quería ver las estrellas desde fuera y no a través de una ventana, ir a la playa, ir a un parque, ¿Cómo sería la escuela? ¿Sería igual de horrible como la planteaban en la televisión?, ese era su portal a otros mundos, a otros sitios, que le permitían conocer que había mas allá del hospital, los desiertos, las selvas y sabanas, el animal que había tenido mas cerca eran las aves que se plantaban en la ventana de manera fugaz, luego alzaban vuelo, libres por el aire, Libres de todo mal.

Se preguntaba cuando iba a dejar de sentir dolor.
Cuando los vomitos iban a parar, cuando la fiebre iba a desaparecer.
Cuando iba a dejar de llorar en silencio por las noches para no alertar a su madre.
Cuando iba a morir de una vez por todas para acabar con el sufrimiento.

Sin embargo, un día algo cambió, y dio a su vida un giro de... al menos 90 grados, pues nada le iba a quitar la enfermedad. Pero su corazón se disparó como un cohete al cielo al conocer a la hija de los amigos de sus padres, la pequeña Anise, que era un año menor que él. Quería causarle una buena impresión, y acabó sonriendo con tremenda amplitud, a pesar de su condición, su sonrisa era radiante como un sol, sobretodo porque estaba feliz, feliz de conocer al fin a una niña de su edad sin que se asustara por sus enfermedades. Desde ese día ambos quedaron encantados uno del otro, para Kaz, era un sueño hecho realidad ¡Su primera amiga! Se esforzaba al máximo por gustarle a la chica, porque no se aburriera de él, al instante ellos congeniaron y se volvieron inseparables, veía a verle casi todos los días, su visita nunca fallaba, y pasaron los años haciendo que era relación se fortaleciera como el metal mas duro e indestructible, hasta Kaz le hacía hueco en su cama de hospital para que ella se subiera y pudieran jugar o ver televisión, hablar y hacerse cosquillas, aunque con moderación. De una forma u otra, ella se volvió parte de su ser, y parte de su cura, pues ahora tenía otro motivo para seguir adelante, para despertar todas las mañanas con entusiasmo, contaba las horas ansioso para que se cumpliera el horario y Anise volviera un día, tras otro, tras otro, aunque se sintiera mal, aunque solo quisiera dormir por horas, nunca faltaría la sonrisa que le sacaba la chica.

El día de hoy era una de sus típicas visitas, Kaz no estaba en las mejores condiciones pues una nueva enfermedad había atacado su sistema, esta vez fue mas fuerte que las anteriores, dejándolo al borde, era difícil andar por si solo, comer por su propia mano, hasta respirar dolía, las nauseas eran constantes y escuchaba todo tan lejano... Pero su decisión era clara y precisa, el luchaba, luchaba todos los días por emprender vuelo nuevamente y no rendirse, no teniendo una familia a la que no podía dejar, no teniendo la sonrisa de Anise que proteger.
Se sentía mejor al pasar las horas, se encontró mirando la televisión tan solo esperando, esperando esos dulces toques a la puerta para revelar a tan preciosa chica que lo tenía cautivado desde el primer día de conocerse, tan solo el pensamiento de verla hacía que el vello de sus brazos se erizara, era feliz a su lado, todo cambió con ella, sus múltiples promesas de conocer el mundo juntos, los miles de planes con el cuaderno de la joven, cosas que harían juntos, cuando Kaz se recuperara y pudiera salir del hospital.

Se escucharon los toques, su madre había salido y su padre estaba en el trabajo, es decir que se encontraba solo. Alzó la cabeza como si un perro esperara a su dueño, y estaba listo para recibirla con tal ánimo que siempre le mostraba, pero la imagen que se mostró por el umbral de la puerta se le clavó como una estaca al corazón. Una Anise destrozada, con ojeras, su rostro lleno del rastro de las lágrimas y sus facciones rojas por el llanto. Kaz se asustó, no sabía que decirle o como reaccionar, sintió el miedo invadir su cuerpo, ¿Que le había sucedido?. Además la ropa no era la del instituto, su cabello parecía un nido de aves, los labios, rotos, la imagen le partía el corazón, sentía el nudo en la garganta y los ojos acuosos, mas no lloró, no podía en frente de ella, ¿Qué le habían echo a su princesa de cuento de hadas?.

No supo ni en que momento se acercó, fue como si el tiempo se hubiera detenido, a menos hasta que le tomó la mano y pudo volver a la realidad. - ¿A..nise?. - Tartamudeó, después de que ella dijera su nombre, con aquella voz rota, luego ella cayó de rodillas, Kaz casi se lanzaba de la camilla para estar con ella, en el suelo, pero el cuerpo no se movió lo suficiente, por suerte, ella tuvo la fuerza necesaria para ponerse de pie, e ir directamente al regazo del rubio, y él no la detuvo, se estuvo quieto, tranquilo, dejando a la joven desahogarse, mientras se encargaba de acariciar su espalda, con suavidad y cariño, bajó un poco el torso para poder cubrirla con su cuerpo en una especie de abrazo, transmitirle su calor. -Shh.. Tranquila, Anise. - Trató de calmara, acabó sonriendo con suavidad, una vez se enderezó, usó sus manos para acariciarle el cabello, aquel cabello que le encantaba, y como era de costumbre, empezó a desenredar con sumo cuidado para peinarla, intentando darle confort. -Eres un pequeño desastre... Pero tranquila, ya estoy aquí, cálmate.

Su voz en todo momento fue suave y amorosa, nunca se había dado cuenta el efecto tan brusco que causaba ella en su corazón, pero era primordial, su necesidad. -¿Por qué estas llorando? Sabes que eso te va a causar arrugas...



He renacido de mis cenizas
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It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz Empty Re: It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz

Mensaje por Anise Vöguel el Miér Ago 21, 2019 11:52 pm

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Caía y caía, se sentía con el estómago en la mano, cayendo más profundo en un hoyo que no tenía fondo ni salida, cada segundo retumbando en su mente, contando la bomba de tiempo. Por lo menos hasta que había llegado a la pieza donde había pasado los momentos más felices de su vida, ahí en un hospital, mientras su mejor amigo se jugaba la vida día a día.

Anise sintió que el tiempo se detuvo, y con él los segundos de la bomba que acarreaba en su interior, al escuchar la voz de Kaz. Estaba suspendida en el aire, en ese momento, en esa pieza, y no existía nada más en el mundo. Así se había sentido siempre con el dueño de aquella voz, como si nada más importase, porque no lo hacía.

Pero sus padres habían arruinado todo. Sollozos violentos sacudieron sus hombros y torso, soltando todo lo que había tenido que aguantar para poder llegar al hospital. No quería apretar mucho a Kaz, por lo que hundió sus uñas en sus propias manos mientras lo rodeaba con sus brazos. Las caricias y abrazo del rubio le mantuvieron anclada a la tierra, evitando que Anise se perdiera demasiado en la pena que amenazaba con tragársela para siempre.

Hubiera seguido llorando ahí abrazada al torso de Kaz para siempre si no fuese porque volvió a hablar después de un par de minutos. Ni siquiera se le había ocurrido mirarse al espejo y no recordaba haberse vestido esa mañana. Definitivamente debía verse completamente horrorosa. No era la mejor manera de presentarse frente al chico que le gustaba, pero la verdad era que Anise no había sido capaz de llegar a una conclusión parecida en su estado mental. Simplemente sollozó un poco más, balbuceando algo ininteligible entre el llanto y la falta de voz.

La chica logró subir sus piernas a la cama de Kaz, formando una pequeña bolita con sus piernas arrimadas contra su pecho, pero no se soltó en ningún momento de él. Sentía que si lo soltaba tan solo por un segundo, ese sería el fin. Sus padres entrarían por las ventanas y la acarrearían pataleando y gritando de vuelta a Grendelshire para siempre. No se arriesgaría a algo parecido.

Sintió que, a pesar de los sollozos, le faltaba el aire al escuchar la pregunta de Kaz. Aún con la pequeña broma que en otra instancia le hubiese sacado una risita, y la dulce voz que prometía que todo estaría bien, las palabras le recordaron lo que quería olvidar a toda costa. ¿Por qué lloraba? Anise creyó que iba a vomitar, pero simplemente gimoteó entre un sollozo y otro, evitando largarse llorar a grito limpio como lo había hecho durante toda la noche anterior.

¿Qué decir? ¿Cómo explicarlo? No podía ni pensar en las palabras, de seguro le sería imposible decirlas en voz alta sin tirarse por la ventana más cercana. Anise sentía que si no las decía todavía había tiempo, quizás sus padres se arrepentirían, quizás se acababa el mundo. Una vez dichas, sabía que todo cambiaría para siempre.

“N-No p-p-puedo…”
Logró murmurar entre sollozos, sintiéndose un poco mareada. Le habían dicho que sollozar de esa manera le haría hiperventilarse hace tiempo y se le pasó por la cabeza que si era su último día con Kaz no le convenía en absoluto desmayarse o algo por el estilo. Anise intentó calmar su respiración, concentrándose en las manos de Kaz que trabajaban laboriosamente en desenredar el nido de pájaros en que se había convertido su cabello.

“No todavía, por favor, no todavía…” Suplicó en susurros y un tono desesperado. Quería postergar la explicación, la despedida, lo más posible. No quería ni pensar en lo que sería para Kaz lo que tenía que decirle. No, por favor, por favor no. Cerró los ojos con fuerza, intentando calmarse. Quería estar bien, pasar un último día con Kaz, por lo menos un último día.

Anise se separó un poco de Kaz, soltándolo del abrazo desamparado, revelando pequeñas medialunas rojas en ambas manos donde había hundido sus uñas. No se había dado ni cuenta que se había abierto la piel con ellas, y ahora adornaban el dorso de sus manos junto con los moretones y raspaduras de sus nudillos. La pequeña se aferró a la polera de Kaz con una mano, haciéndola bolita con la misma fuerza mientras que limpiaba sus lágrimas con la manga de la otra.

Lo miró a la cara por primera vez en ese día. Por primera vez desde que había descubierto sus sentimientos por él, y no pudo mantener sus ojos en los azules. Kaz se veía cansado, flaco y paliducho debajo de la sonrisa cálida y la mirada preocupada. Anise sintió que le subía el rubor a la cara y desvió la mirada, frunciendo el ceño entre sollozos más calmados y un par de lágrimas nuevas.

“¿Cómo te sientes? Háblame de otra cosa.” Pidió en un hilillo de voz rasposa. Intentó aclarar su garganta, pero aquello sólo hizo que le doliera más todavía, haciendo que su expresión se contrajera de dolor por un segundo. Anise se incorporó un poco más, sentándose sobre sus piernas dobladas sin soltar a Kaz y miró a su alrededor, buscando la mesita con ruedas que ponían sobre la cama para que el chico pudiese comer. Estiró la mano desocupada hacia ella, tomando la infaltable botella de agua para parchar su garganta entre uno que otro hipo o sollozo que seguían escapándose de su alma.
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It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz Empty Re: It Hurts Like Hell [Evento FB] Privado Kaz

Mensaje por Kaz Brekker el Sáb Ago 24, 2019 9:23 pm

No sabía que hacer para que Anise se animara y dejara de llorar, tan destrozada, y eso lo destrozaba a él también, por ser un inútil y no poder ayudarla. Se limitó a tranquilizarla al menos, acariciando su cabello y espalda para darle confort, su mente no dejaba de pensar en quien podía haberla hecho llorar así.
Sus chillidos, los sollozos, empezó a soplar suavemente el rostro de la joven para darle aire e intentar refrescarla lo mejor que podía, pero estaba terriblemente preocupado, sumándole a sus males del cuerpo, y ahora del corazón.

-¿Que?.. ¿Que no puedes? Anise, por favor... - Suplicó entre susurros, todos los ánimos se habían esfumado, no pensaba que su nueva visita sería tan amarga, pero no por él, mas que todo por la chica a quien sostenía entre sus brazos. Hasta que ella misma empezó a incorporarse por su cuenta, ver sus ojos rojos por el llanto era horrible, sentía una punzada en su estómago . Bajó la mirada a la mano de Anise, que tomaba con fuerza su polera, y fue cuando vio aquellas marcas en tan delicadas manos, las marcas de las uñas y los raspones. Se quedó pensando fue en las marcas mas viejas, en como se las habría echo. Pero si Anise no quería hablar de eso, no iba a obligarla.

En cambio le regaló otra sonrisa a la joven, para intentar tranquilizarla y hacerle ver algo mas que un día gris y oscuro. -Hoy no ha dolido tanto, me siento bien, solo un poco cansado... Pero tomo rumbo, no te preocupes. - Llevó una de sus manos a que fuera a acariciar la de su amiga, con suavidad, mientras esta no lo soltaba, al menos quería hacer algo por ella. Miró a la joven con una mirada curiosa, como si estuviera igual de linda y cuidada como todos los días, aunque tuviera una apariencia fatal, a sus ojos, seguía siendo hermosa.
Se inclinó hacia adelante, curioso como un gato, para intentar animarla y que olvidara su mal rato. -Aaaaniiiiiiiisa, ¿Por que no sonríes para mi un poco? Eso me haría sentir mejor. - Chantajeó. Y usó ese apodo chistoso para su nombre- ¿Quieres jugar a algo? ¿Ver televisión? Podríamos dar una vuelta por el hospital, pero tendré que buscarte una bolsa para que nadie vea esa carita desastrosa.

Se atrevió a usar su mano libre y llevarla al rostro de la menor, donde con su dedo índice empezó a pinchar la mejilla de la contraria, repetidas veces, eran regordetas y le encantaba tocarlas, pero sabía que la otra gruñía cuando lo hacía, claro que, a el le importaba poco.



He renacido de mis cenizas
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Mensaje por Anise Vöguel el Miér Sep 04, 2019 12:00 am

It Hurts Like Hell
Hace nueve meses

How can I say this without breaking?
How can I say this without taking over?
How can I put it down into words
When it's almost too much for my soul alone?
Anise bebió agua como si viniera directamente del desierto, posando la botella vacía de vuelta en la mesita antes de sacarse los anteojos manchados de lágrimas y sal. Restregó sus ojos con la mano libre, secando lágrimas con la manga de su polerón. Frunció el ceño al darse cuenta que le ardían muchísimo, probablemente por todo lo que había llorado, y largó un suspiro pesado y cargado de demasiadas emociones.

Fijó la mirada en sus anteojos, notando la diferencia entre las lágrimas que se habían secado la noche anterior y sólo dejaban detrás manchas de sal en comparación con las gotas nuevas. Los hubiese limpiado, pero realmente no quería soltar a Kaz aún si no lograba mirarle a la cara. Sintió el pequeño rubor dándole color a sus mejillas a pesar de todo, la revelación de la noche anterior no se había perdido entre todo el resto.

Tuvo que levantar la mirada al escuchar a Kaz accediendo a cambiar el tema. Ladeó la cabeza, relajando su expresión ante las noticias. “Que bueno…” Murmuró, su voz no más que un susurro afónico. No era excelente, pero en el estado en que estaba su amigo realmente no se podía pedir mucho más. La sonrisa generó una nueva ola de dolor que se mezcló con lo que normalmente sentía al verla, paz, tranquilidad, esperanza. Odió instantáneamente esa pequeña corrupción y sacudió su cabeza con muchísima fuerza, mandando a volar un par de lágrimas nuevas mientras soltaba sus anteojos y llevaba su mano libre a la de Kaz en un intento de deshacerse de ese dolor. No todavía. Guardó el resto de sus lágrimas, obligándose a encerrar toda su pena y rabia para más tarde, otra persona, cualquier cosa menos ahora mismo.

El estómago de Anise dió un pequeño vuelco al sentir la mano de Kaz y el acercamiento, como si hubiese caído un par de metros. No reaccionó, demasiado extrañada de aquel sentimiento nuevo como para saber qué era lo que le ocurría. Sí que reaccionó ante el sobrenombre que había usado Kaz, arrugando la nariz, mostrándole los dientes y bufando como un gato antes de lanzar una pequeña risita. Odiaba que le llamaran por cualquier cosa que no fuera su nombre, pero nunca había podido enojarse con Kaz. Menos ahora. Cerró la mano con más fuerza en la polera de su amigo, sintiendo que su otra mano comenzaba a transpirar.

Hizo un patético intento de sonrisa, algo que realmente no hubiese hecho con nadie más, y logró levantar las comisuras de su boca aunque el gesto no llegó a sus ojos. Casi inmediatamente la reemplazó por otra mueca más parecida a la de un gato enojado, mostrándole los dientes otra vez con un pequeño gruñido ante el comentario sobre su apariencia. Normalmente quizás respondería con alguna broma sobre la apariencia de Kaz o algo por el estilo, pero en ese estado su cerebro no estaba funcionando a la velocidad necesaria.

Iba a responder las preguntas, pero Kaz interrumpió sus pensamientos con un sólo dedo. Anise volvió a gruñir y luego hizo un amague de que le mordería el dedo, girando la cabeza y abriendo la boca mientras se inclinaba hacia su mano. La pequeña soltó otra risita un tanto ronca y aflojó un poco el agarre que tenía en la polera de Kaz, retirando su otra mano. No sabía bien qué hacer con ella, demasiado consciente de un momento a otro de todo su cuerpo y de lo cerca que estaba de su amigo.

Sintió el rubor y rápidamente volvió a desviar la mirada, dejando que su cabello cubriera lo que no podía esconder. Sus sentimientos estaban al rojo vivo y realmente los sentía con más intensidad que nunca, quizás por lo agotada que estaba. Tampoco podía olvidar con facilidad lo que había gritado la noche anterior a pleno pulmón. Pero estoy enamorada. Lágrimas pelearon por escapar de sus ojos otra vez, el remolino de emociones demasiado grande como para ignorarlo por mucho tiempo.

Anise mordió su labio inferior un par de veces antes de hablar, devolviendo la ola incontenible con toda la fuerza de voluntad que le quedaba. Sólo un par de lágrimas se colaron de sus ojos y la chica las escondió rápidamente. “Una película suena bien.” Dicho esto aprovechó de alejarse un poco de Kaz, soltando la polera después de vacilar por un momento y bajándose de la cama torpemente, dándole la espalda a la cama donde se encontraba su amigo.

“¿Quieres poner Hércules?” Su voz no se había recuperado en absoluto, había demasiado daño como para algo así, pero por lo menos era más fácil entenderle cuando no la interrumpían hipos y sollozos. “Voy a ver si puedo arreglarme un poco, así no te avergüenzo en público.” Bromeó sin demasiada energía, haciéndose camino hacia el baño a paso lento y arrastrando los pies.

No se había mirado al espejo en todo el día y pegó un pequeño gritito ahogado al ver el real, completo y total desastre frente a ella. “Qué bestia fea…” Murmuró suficientemente bajo como para que Kaz no le escuchara. Con razón tus padres no te quieren. Algo susurró en su cabeza ahora que no estaba bajo la protección de la sonrisa de Kaz. La chica hizo una mueca de dolor y trató de acallar la voz, concentrándose en arreglarse un poco.

Limpió sus anteojos con su polerón y los dejó sobre el lavabo, acercándose al espejo para observar sus ojos rojísimos, párpados hinchados y ojeras oscuras. Para qué hablar de su pelo. Intentó arreglarlo, pero al alzar las manos notó las heridas antiguas y nuevas y tuvo que girar la cabeza, cerrando los ojos. Nunca se había visto a sí misma así y lo odiaba. Te lo mereces. “¡Ay!” Exclamó involuntariamente ante aquel susurro, pegando un saltito.

Rápidamente se dio cuenta de que había gritado en voz alta e intentó repararlo. “No hay remedio Kazi, vas a tener que aguantarme así. Creo que los rastas me quedan mejor de todos modos.” Bromeó, pero su tono decía otra cosa. ¿Qué voy a hacer sin él? Sacudió la cabeza, intentando aclarar sus pensamientos sin muchos resultados. Se ocupó de sonar su nariz y luego rápidamente salió del baño y de vuelta a la protección emocional que le daba el chico a quien no vería más después de ese día.
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Mensaje por Kaz Brekker el Vie Sep 13, 2019 12:47 am




It Hurts Like Hell

Se esperó al menos un pequeño manotazo cuando la llamó por ese sobrenombre y la molestó un poco, pero no ocurrió, y eso fue bueno para él, le causo una risa, le parecía realmente tierna Anise cuando le gruñía, era extraño, pero él se sentía bien con eso.
La sonrisa no fue lo que esperaba al principio tampoco, pero algo era algo, y no iba a quejarse, se sintió satisfecho por al menos lograr ese gesto.


Tan bonita como siempre, ¿No?. Solía elogiarla mucho, aunque también molestarla un poco, por ahora no le apetecía tomarle el pelo, a sus ojos, la joven lo menos que necesitaba era eso, sino mucho cariño, y él estaba dispuesto a darlo todo.

Estaba esperando impaciente por su reacción y mejoría cada vez que jugaba un poco con ella, al menos aceptó sus peticiones, sus pequeños juegos, ya el resto quedaba en tranquilziarla y hacerla sentir mejor, por ello se sintiño feliz cuando aceptó ver la película, y el chico le respondió con el típico entusiasmo, aunque se estuviera muriendo, no dejaba que lo viera mal, no dejaba que lo viera decaído, tenía que ser fuerte.


¡Claro! Me gusta esa.No se negó cuando dijo que se iba a arreglar, pero si dio una pequeña risa por lo otro, como si ella sola ya no se hubiera avergonzado con imagen tan caótica, pero a él le tenía sin cuidado, seguro se veía peor cuando le daban los bajones. —Cuidado y asustas a alguien..Le dijo en voz baja, claro que fue una broma.

Cuando ella se giró hacia el baño, el rubio no perdió el tiempo en buscar en su mesa de noche un pequeño regalito, nada extravagante solo era de sus provisiones de golosinas en la mesa de noche, justo al lado de los medicamentos que debía tomar diariamente, sacó una barrita de chocolate y la tuvo a su lado tan solo esperando a Anise para dársela, supuso que algo de azúcar le ayudaría con los ánimos, pues las opciones se quedaban cada vez mas cortas sin saber bien que hacer, en estos momentos las películas no le ayudaban demasiado. Escondió el chocolate cuando ella vino de vuelta, esperando solo el momento justo, la recibió con una sonrisita, era bueno ocultando sus pequeñas travesuras.


Te voy a regalar uno de esos gorros, ya sabes, los negros con amarillo, rojo, verde... Seguro te sientan bien. Lastimosamente no podía levantarse aún, hacía un rato le habían dado un relajante muscular por los dolores y estaba débil, no podría levantarse y caminar libremente hasta luego de un par de horas, al ser una dosis algo fuerte. Claro que, eso no significaba que no pudiera mantenerse lúcido y cuerdo.

Sabes donde está el reproductor.Se encogió de hombros, quisiera ponerlo el mismo, mas no podía, en cambio, se encargó de arrimarse a la orilla de la camilla, haciendo un hueco a su lado, no era la primera vez que compartían cama, hasta daban pequeñas siestas de la tarde, era sumamente agradable. ¡Date prisa! Vamos, vamos.Amaba ver películas, series, leer, jugar, hacer de todo con Anise, hacía sus días coloridos, le daba una razón más para luchar y respirar, la esperó impaciente en su rinconcito, una vez que todo estuvo listo, le mostró su pequeño regalo.¡Tará! Toma, necesitas azúcar ¿cierto? Es para ti.

Hospital
Tarde
AV & KB





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