Ambientación
El extraño evento a puertas abiertas de tu colegio debería haber sido la primera advertencia. Ya casi se acababa el año escolar, sólo los mayores de ocho años podían asistir a la celebración que prometía ser una de las mejores jornadas escolares.

Aunque todo estaba cubierto de nieve, el cálido sol invitaba a recorrer el decorado colegio. Tiendas de comida, competencias, juegos, eventos, música, foros de debate, tantas cosas sucediendo al unísono que fue imposible para cualquiera darse cuenta de la farsa.

Lo único que escuchaste fue la explosión proveniente del medio del terreno antes de que tus tímpanos retumbaran a tal frecuencia que los subsiguientes gritos de terror y agonía se convirtieran en silencio. El gas azul que lentamente nubló tu vista claramente tenía la misma procedencia. Sentiste como te ahorcaba, quemaba, ahogaba bajo el agua, como si tragaras arena o ácido; todo dependía de tus peores miedos mientras perdías el conocimiento.

En la oscuridad de la inconsciencia pudiste identificar palabras. Primero un susurro que te acarició mientras elegías tu nuevo destino, luego, cada vez más fuerte y como si proviniese de cada alma que había quedado atrapada en ese nuevo universo, las reglas del juego.

I. Jamás cooperarás con otras razas.
II. No intentarás comunicarte con el exterior.
III. Vivirás en este mundo y no en el exterior.
IV. Rompe una de las reglas, y un conocido de allá fuera muere.
¿Sobrevivirás el Juego?
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Mensaje por Katori Takei el Jue Jul 25, 2019 8:59 pm

Katori TakeiDragón

01Edad18

02SexoFemenino

03AlianzaNeutral

04OcupaciónEstudiante - Música

05Origen del PersonajeMitake Ran - Bang Dream! Girls Party

THIS IS HOW I ⇣ROLL⇣
06Habilidades y Debilidades
Walking on Sunshine
Katori, mucho más en su forma dragón que humana, es más fuerte cuando le da luz natural y solo solar. La noche no la debilita. Este aumento en forma humana solo le da algo más de vitalidad, lo cual se traduce, muy limitadamente, en más energía, fuerza y agilidad.

Through the Fire and Flames
Ser un dragón cuyo elemento es el fuego le da los poderes habituales en su forma de reptil, como escupir fuego muy de vez en cuando. Katori, sin embargo, puede utilizar el fuego y las llamas en forma de dragón y humana de formas más creativas, revistiendo sus extremidades (garras), fauces y cola para pelear, cosa que dura tres turnos y necesita cuatro una vez acaba para reusarlo. En forma humana, mitigado, puede hacer lo mismo en brazos y piernas, aunque con menos fuerza y durante un turno, necesitando tres para reusarlo. El fuego es peligroso para aliados y enemigos por igual, por ende es peligroso.

Volcanic Earth
Más allá de sus poderes de dragón ella, como quizá un anhelo de protección, puede levantar muros de magma de un metro de alto y ancho, lo suficiente para agacharse o cubrirse con ellos. En forma de dragón duran cuatro turnos y solo puede tener dos del tipo que sea en activo y no puede crear uno nuevo hasta pasados otros dos turnos desde que se destruyen. En forma humana duran dos turnos y solo puede tener uno activo, necesitando cuatro turnos para volver a levantarlo. El agua común o mágia debilitan enormemente todas las defensas.

Waves, Wind, Water, and Ice
Cuando es humana Katori sufre mucho más daño de los elementos derivados del agua, como el hielo o el vapor. El agua común no le daña, pero sí puede tener más efecto si va a presión. En su forma de dragón toda magia o conjuro de tales elementos amplían al extremo esos daños. Tampoco le hacen bien los ambientes fríos, los climas húmedos extremos o las inclemencias de las ventiscas o el granizo; estos la aletargan y mitigan sus poderes.

Fight Fire with Fire
Katori no maneja otro elemento que no sea el fuego. Contra elementales de tal elemento, razas o personas que resistan el calor y las llamas o que puedan contrarrestarla no podrán hacer apenas nada, dependiendo de su fuerza bruta y su forma de dragón. De hecho aquellos que manejen magia más poderosa o que puedan volver sus capacidades en su contra no tendrá demasiado que hacer en materia de combate.

Snipe Out
Además de todo esto, Katori no tiene ningún conocimiento en uso de armas, solo su cuerpo, y a distancias de más de unos cuantos metros está en serios apuros. Su llamarada en forma de dragón cubre unos pocos metros y cualquiera que utilice armas de fuego, arcos o conjuros de medio y largo alcance tendrá en jaque a la joven. Por si esto fuera poco su personalidad la lleva a no querer usar armas a distancia para defenderse de esos mismos usuarios.

 
07Descripción Psicológica
Katori es una joven seria, áspera, de pocas palabras y habituada a repetir algunas coletillas que tiene. Quitando la música (la cual ama con todas sus fuerzas), los paseos y los momentos de soledad y silencio no tiene más aficiones. Su actitud de pasar de quienes le rodean, al principio, parece fría y distante, acorde a ese ideal de dragón lleno de ego. Además siempre intenta lucirse como una chica segura, sin problemas, inamovible y en parte -solo en parte- lo es. Su forma de ser aparente y la honesta hacen que la chiquilla no pueda comprender a veces por qué se siente mal o qué hacer para solucionarlo.
 
En realidad Katori es, por un lado, una chica segura y decidida. Se le puede molestar fácilmente y es de sangre caliente, dispuesta actuar en cuanto se pueda sin permitir que los problemas afecten a otros. Le gustaría tener más gente a su alrededor, sentirse segura, pero al no ser buena conversando ni acostumbrándose a los gustos de otros suele demostrar tal determinación con sus actos. Inquebrantable, haría lo que fuese por un ser querido, teniendo un tierno y adorable lado familiar, herencia de cuidar y jugar de sus hermanos. Es bastante observadora y hará cuanto deba, incluso sacrificar parte de esa vergüenza a relacionarse, por hacer reir a alguien cercano.
 
Katori también suele pensar demasiado, sobre todo en sus familiares y cómo volver a verles. Tiene miedo a la muerte real y poco a poco ha ido desarrollando una osada resolución para que aquellos que le importan salgan con vida, cumpliendo las normas y cerciorándose de que todos tengan el mayor bienestar que se pueda en esa situación. Aun con todo ella nunca empezaría una batalla o haría daño a otra persona para su beneficio, por eso todas las circunstancias que lleva viviendo años le genera bastante estrés.
 
A nivel más personal Katori tiene puede parecer que tenga una personalidad poco coqueta, siendo más una chica "dura" y con aspecto amenazante a primer vistazo por este factor físico; no obstante es extremadamente pulcra, cuidadosa y sensible, sin gustarle la gente maleducada (aunque ella pueda serlo a veces) o que se mete en al vida, forma de ser o decisiones estrictamente personales de los demás. ⚝
08Descripción Física

Humana - Dragón
Katori es una chica de altura inferior a la media de cabellos cortos color azabache. Uno de sus mechones de pelo está teñido de rojo intenso de forma artificial. Su cuerpo es fibroso, con la musculación suficiente para valerse por si misma pero sin que esta llegue a marcarse como alguien que hiciera deporte o fuese mucho más activo que ella. Su ropa suele transgredir lo habitual, con estilos duros, rockeros, botas y decoración variada (pulseras de cuero o cinturones) aunque, en ocasiones, gusta de vestir otro tipo de ropa más femenina y casual. Su mirada, expresiva, es de un tono rojizo violáceo. No tiene cicatrices en ninguna parte de su cuerpo y no utiliza maquillaje, aunque sí necesita unas gafas para leer que, tras la explosión, perdió.
 
Como dragona es mucho más intimidante que como humana, donde parece una chica normal. Su forma de reptil alado es de color carmesí oscuro, rojizo, con puas oscuras y un elevado calor corporal. Su tamaño, no obstante, va acorde a su forma original y es más pequeña que otros de su raza. Su cola es esbelta y fina, con escamas más pequeñas a medida que se aproxima al final.

09Historia
Katori nació hace dieciocho años en la ciudad japonesa de Mobara. Su vida era común, corriente y extremadamente cotidiana. Sus padres, dueños de un restaurante familiar, vivían con lo justo en una de esas austeras casas de tres pisos en donde la planta inferior se dedica a la actividad comercial. Una apacible vida que continuó así hasta que Katori tenía diez años y nació su primer hermano. Posteriormente, al año, nació el segundo y, a los dos años, el tercero. Por este motivo la joven compaginó durante su preadolescencia el ayudar con el restaurante, cuidar a sus hermanos, hacer tareas domésticas, aprender música y estudiar. Una vida dura, no mala, pero sacrificada para una familia trabajadora de clase media, siendo la guitarra lo único que le daba un gusto especial.

Toda esa rutina se torció ligeramente cuando Katori, una chica normal y que podía alardear de tener buenas calificaciones, empezó a faltar a clase para cuidar de sus hermanos, cosa que se vio en su progreso académico y que su padre, tradicional y severo, no iba a permitir. Un drama familiar con una chica sumamente joven que les distanció cuando este prohibió que la joven usase móviles, ordenadores o incluso su guitarra, su mayor divertimento, en su tiempo libre. Las semanas tenían que ser rutinas perfectas en las que, tras madrugar y asearse, cada minuto tenía que estar lleno de diligente labor... pero Katori solo lo aguantó durante una semana y media. Harta, con esa actitud suya tan altanera e independiente en apariencia, puso rumbo a las afueras. Furioso como nunca su padre se decidió a darle un castigo ejemplar y, al día siguiente, cuando la encontraron, no solo la castigó sin salir, si no que además iba a estar la mayor parte del tiempo acompañándole en la cocina del restaurante. Otro revés para la estabilidad emocional de alguien que vio sus oxígeno cortado. Sus alas estaban atadas y ella se sentía en una jaula. Pero seguía viva.
 
En ese tiempo pudo desahogar su furia cuidando a sus hermanos, jugando con ellos y divirtiéndose en esos pequeños momentos de tranquilidad. No retomó, sin embargo, la estela brillante de sus estudios y los abandonó. Sus días y horas de escuela secundaria se basaban en dormir en clase, escaquearse cuando podía para pasear por la ciudad y escuchar música. Era obvio, aunque no para ella, que la terminarían pillando y, cuando cumplió quince años, así fue.

Al poco de comenzar su nuevo curso, en una reunión de padres, se informó a su sprogenitores de la actitud más pasota e irreverente de su hija, contraria a las normas más fundamentales. Ir sin uniforme, ignorar a los profesores, quedarse pensativa largos periodos de tiempo sin atender o no apuntarse a ningún club fueron algunas de las alarmas. En un fuego cruzado de acusaciones ella y su padre discutieron otra vez. ¿De quién era la culpa? De ambos, para ambos desde ambos lados. En un último esfuerzo económico y de paternidad enviaron a Katori a estudiar al extranjero, a un centro que pudiera aplicar otra pedagogía. Un vaivén constante que la separó, contra su voluntad, de su hogar y sus hermanos. Agitada y manejada, no le quedó otro remedio que ir allí en régimen de interna. Adiós a la familia, más aún a la "familia feliz".
 
¿El lugar elegido? Grendelshire. Tanta era su apatía que ni lo buscó cuando se enteró. No quiso ni despedirse de sus pocas amigas, las cuales retenía de cuando en la infancia podía volar. ¿Libertad lejos de sus padres? Difícil. Habían hecho un desfalco dinerario para que un tutor vigilase a Katori y la mantuviera por el camino correcto y disciplinado. Innecesario o abrupto, ella hubiera deseado que el avión en el que iban se hubiese estrellado contra el mar, pero no tenía tanta suerte. Katori viajaría a Europa, y lo haría como una chica que estaba en un lugar hostil, con gente que no conocía y con sentimientos que no podía manejar. Llegó a Grendelshire un 4 de octubre, sin perderse mucho del curso, y quedó internada en un anexo con otra gente de muchos lugares, pequeño, no muy elegante, pero válido para ella.
 
Sin embargo un brillo especial llegó a su vida aburrida e insoportable. Allí tenía otra libertad condicionada que podía aprovechar y que, sin duda, utilizó. Volvió a tocar, volvió a relacionarse, volvió a relacionarse y volvió a centrarse en sus estudios. Una regresión positiva que no dejaba, no obstante, de tener un sabor agridulce por no poder estar con sus hermanos, las personas con quien más disfrutaba, bien por su cercanía, por su inocencia o por su bondado. Si volvía a su país querría estar ahí para ellos, eso sin duda. La familia, aunque se equivocase, era familia. Y así quedó todo, de nuevo en otra rutina tan cotidia como apacible, volviendo a su casa únicamente durante los festivos de fin de año y las vacaciones largas, ratos en los que, entre tiranteces padre e hija, podía retomar contacto con su familia más querida.
 
Y, como si de un largo letargo de tres años se tratara, todo tomó ese cauce de novela narrativa, sin detalles especiales que contar. Impermutable, impermeable, nada, absolutamente nada, cambió. Continuó llevándose verdaderamente mal con su padre y cuidado de los suyos desde la ineficiente distancia.
 
 

Fue a los dieciocho años cuando, por teléfono, se desató la guerra. Katori iba a dejar, lo tenía claro, sus estudios para dedicarse en cuerpo y alma a la música. Su padre, histérico, iba a tomar un vuelo para traerla de vuelta y ella, que hablaba desde un festival en el que disfrutaba su día libre, vociferaba reclamando respeto, libertad y un trato acorde a alguien de su edad. Entre el bullicio no llamaban la atención, por lo que menos lo hicieron cuando Katori dejó de ser Katori y pasó a ser otra cosa que ni ella todavía logra entender. No terminaron la conversación. La explosión y el gas ahogaron la posibilidad de una reconciliación que entre el dolor y las lágrimas hubiese deseado con todo su ser.
 

 
Quizá el fuego de su interior y rabia o posiblemente por sus deseos de ser libre y volar la ahora dragona desarrolló todo aquello que le hubiese gustado tener en fantasías profundas y dormidas. Se despertó confusa y mareada. Parecía que había bebido alcohol y se estaba levantando ahora de aquello. Le pitaban los oídos. Pero estaba viva. Llevó su mano al teléfono de su bolsillo. Nada. Confusión. Normas. ¿Qué pasaba? Estaba sola y, quizá por mala suerte, a oscuras. Decir miedo es quedarse corto, pues Katori sentía pavor. Su fortaleza para enfrentarse a su padre, de redescubrir y pavimentar su destino y para proteger a quienes amaba se vino abajo en un segundo y lloró. Estaba sola, nadie se preocupó por sus emociones, por cómo estaba, por romper esa coraza de independencia. Estuvo muchos minutos, temiendo cualquier movimiento de los alrededores. En cuanto se vio capaz de correr en aquel campo de guerra, con músculos entumecidos y muchas, muchísimas, dudas, se perdió y escondió en un edificio vacío y abandonado, evitando, quizá una muerte más. Durmió sin comer, en shock total, sin poder concebir nada. Llamaba y llamaba, pero no podía. ¿Qué pensaría su familia? Tuvo suerte cuando unos dragones la encontraron, mayores que ella, y pese a su aspereza inicial le explicaron todo lo que tenía que saber... dentro de lo que puede conocerse.
 
Ahora tiene que adaptarse entre hostilidad, desconfianza, miedo y desdén. Fiel a sus principios, intenta hacer todo lo mejor que puede, sin tonterías, aunque claramente le afectó ver cómo la muerte ya era algo demasiado común. Se habían perdido todas las emociones y su personalidad solo ocultaba el espanto y terror de que alguna de las muertes, dada por abusos, fuese la última. Así, sin entender, sin poder saber y sin conocer en quién confiar intentaba conseguir lo que todos: sobrevivir.

10Extras
✧ Su cumpleaños es el 2 de septiembre.
✧ Su grupo sanguíneo es O-.
✧ Tiende a presentarse como "Takei Katori", al estilo japonés, lo cual da muchos problemas y situaciones divertidas con su nombre.
✧ Su colores favoritos son el rojo, el naranja y el negro.
✧ Mide 1'64, siendo bastante bajita en comparación a la media.
✧ Tiene miedo a la oscuridad cuando se encuentra sola en esta.
✧ Ama la pasta y las tradiciones y platos clásicos japoneses, como el okonomiyaki, el nattō o los wagashi.
✧ Detesta la verdura, aunque la come cuando toca si no le queda más remedio.
✧ En su tiempo libre toca su guitarra para relajarse, además de cantar y componer y, al menos en lo primero, es muy buena.
✧ Aunque no es una lectora ávida, le gustan las novelas de amor, aunque nunca lo reconocería.
✧ Tiene alergia al polvo, por lo que es bastante limpia. También cocina, aunque lo justito.
✧ Entre sus pertenencias queridas, además de su guitarra, tiene un peluche de un oso y fotos de su familia.
✧ Regularmente lleva un diario para desahogarse del estrés, al que es propensa.
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Katori Takei
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Mensaje por The Watcher el Jue Jul 25, 2019 9:58 pm

¡Felicidades!
Tu ficha ha sido aceptada.
Bienvenid@ a Game in Life, esperamos tu estadía sea grata.

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