Ambientación
El extraño evento a puertas abiertas de tu colegio debería haber sido la primera advertencia. Ya casi se acababa el año escolar, sólo los mayores de ocho años podían asistir a la celebración que prometía ser una de las mejores jornadas escolares.

Aunque todo estaba cubierto de nieve, el cálido sol invitaba a recorrer el decorado colegio. Tiendas de comida, competencias, juegos, eventos, música, foros de debate, tantas cosas sucediendo al unísono que fue imposible para cualquiera darse cuenta de la farsa.

Lo único que escuchaste fue la explosión proveniente del medio del terreno antes de que tus tímpanos retumbaran a tal frecuencia que los subsiguientes gritos de terror y agonía se convirtieran en silencio. El gas azul que lentamente nubló tu vista claramente tenía la misma procedencia. Sentiste como te ahorcaba, quemaba, ahogaba bajo el agua, como si tragaras arena o ácido; todo dependía de tus peores miedos mientras perdías el conocimiento.

En la oscuridad de la inconsciencia pudiste identificar palabras. Primero un susurro que te acarició mientras elegías tu nuevo destino, luego, cada vez más fuerte y como si proviniese de cada alma que había quedado atrapada en ese nuevo universo, las reglas del juego.

I. Jamás cooperarás con otras razas.
II. No intentarás comunicarte con el exterior.
III. Vivirás en este mundo y no en el exterior.
IV. Rompe una de las reglas, y un conocido de allá fuera muere.
¿Sobrevivirás el Juego?
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Mensaje por Chloe Bubelle el Mar Mar 26, 2019 1:23 pm

-Vamos, Fleta.-¡Sí, sí! ¡Estoy lista!-Muñeca en brazos, Chloe salió por la puerta de la Sala de Arte en su forma humana, comenzando a caminar tranquilamente por el parque. En esta ocasión, no era para inspirarse. Se estaban quedando sin "pinturas", así que hoy le tocaba a ella encargarse de conseguir pigmentos para poder cambiarlos con los elfos.

Pero posiblemente el trabajo sería menos agotador gracias a la ayuda de su objeto, su pequeña muñeca viviente. Desde que la encontró, ¡menuda guerra le estaba dando! Por alguna razón no era como el resto de Dolls, ella podía sentir perfectamente cualquier tipo de emoción y no dejaba de corretear de un lado para otro, haciendo de las suyas. Y últimamente, Chloe se pasaba más tiempo jugando con ella y cumpliendo sus exigencias que pintando. ¡Parecía una niñera!  Pero al parecer, era alguien importante para ella, y su posible llave para recordar su pasado. No podía abandonarla de ninguna manera.

-Este parece un buen sitio.-Acto seguido, se agachó y dejó a Fleta al suelo.-Ya sabes, necesitamos cualquier tipo de flor o restos de comida, por ejemplo.-Pfff... ¿En serio me haces recoger la basura del parque?-Sí.-Refunfuñando, la pequeña muñeca se separó de su dueña, y ambas empezaron a buscar cualquier pigmento útil por el parque.-¡Ah, mira! ¡He encontrado una flor muy bonita!-Se pudo escuchar la aguda vocecilla de la muñeca de fondo, y Chloe no pudo evitar esbozar una diminuta sonrisa mientras rebuscaba en un cubo de basura.

Pocos días después...

Ya habían contactado con un pequeño grupo de elfos, y hoy era el día y la hora acordados para realizar el trueque. La muchacha de cabellos rubios estaba preparando todo lo que habían recogido en una pequeña cestita.-Al final solo acabaste recogiendo flores, Fleta.-Por supuesto, las flores no apestan a basura podrida.-Al menos te lo pasaste bien, creo.-¡Sí! Jugar contigo es muy divertido, Egliette. ¡A la próxima podemos hacer un concurso para ver quién recoge más pimientos! Digo, ¡pigmentos!-Me parece bien.-Dijo Chloe, indiferente.-Venga, vamos.-Con Fleta detrás de ella, la joven agarró la cesta y salió por la puerta.

Estuvieron varios minutos paseando bajo los apacibles rayos del sol. Lo cierto es que hacía un buen día, a pesar del frío que azotaba toda la zona. Al fin llegaron al centro del parque, y en la lejanía, podían observarse una pareja de jóvenes elfos esperándola. En ese momento, Chloe adoptó su forma de muñeca por simple precacución. No sabía como podrían reaccionar esos elfos, así que era mejor estar preparada. Sobretodo por lo que iba a hacer ahora mismo.-Toma. Haz el intercambio con ellos.-Tras agacharse, le puso la cesta en la cabeza a la muñeca.-¿¡Qué!? ¿Por qué yo?-Porque si los elfos intercambian directamente conmigo, estarían rompiendo una de las normas. Pero ellos descubrieron que si se hace de forma indirecta, esto no pasa. Y tú eres un objeto, así que contigo no tendrán problema alguno.-¡Cómo que un objeto! ¡Yo soy una muñeca como tú!-Chloe no dijo nada más, simplemente le dio una palmadita en el trasero para que empezase a caminar de una vez.-Malditas reglas tontas y estúpidas, voy a cantarle las cuarenta a estos elfos tontos de-Sé amable con ellos.-Con diminutos pisotones y sujetando la cesta sobre su cabeza, la pequeña Fleta se dirigió hacia la pareja, mientras que Chloe observaba desde el fondo la situación.


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Mensaje por Astrid el Mar Abr 02, 2019 3:21 am

Encuentro
  • Entre Trueques y Pinturas
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  • Parque - Mediodía
  • Astrid se estiró con pereza mientras observaba lo que sucedía debajo de ella. La curiosidad era mucho más grande que ella, y los libreros de la biblioteca normalmente le impedían supervisar todo lo que sucedía allí dentro. La solución era bastante simple, cada vez que tenía tiempo los trepaba con cuidado y agilidad impresionante. Se sentía completamente responsable por todos los Elfos que habitaban aquel lugar, y como tal se había asegurado de proporcionarles la mayor comodidad posible.

    ¿Jamás cooperarás con otras razas? O la estúpida era completamente analfabeta, o había hecho que aquellas estúpidas reglas fueran ambiguas a propósito. Ambas opciones eran totalmente válidas, y no descartaba ninguna. De cualquier manera había decidido aprovecharse de aquella ambigüedad y ayudar a sus alumnos a establecer el trueque que tanto les favorecía. No necesitaban salir ni arriesgarse, todos necesitaban ayuda de los Elfos, o lo harían en algún momento.

    No había necesitado pensar ni siquiera un segundo cuando escuchó las opciones. Astrid Sharp adoraba la naturaleza, siempre lo había hecho, y era fanática de los libros de ficción. Le fascinaba la magia, y odiaba que fuera sólo un mito en el mundo humano. No le gustaban las circunstancias que habían desembocado en aquella situación, definitivamente era algo bastante más sangriento y doloroso de lo que debería haber sido, pero tampoco negaba el gusto que le daba ser un Elfo en vez de un humano.

    Astrid se había asegurado de recopilar una enorme cantidad de información sobre cada raza: Cuántas habían en total, cómo se organizaban, sus habilidades y debilidades, y todo lo que podía averiguar sin romper esa primera regla muy obviamente.
    Aparte de eso, le interesaba entender cómo funcionaba aquel mundo. Desde el momento en que el sonido de la explosión había acallado todo el resto, sabía que algo sobrenatural había sucedido. Los humanos no tenían semejantes capacidades, y necesitaba saber cómo aquel ser que los tenía encerrados lo había hecho. Sentía que lo más importante en ese momento era recopilar toda la información posible.

    “Knowledge is a weapon. I intend to be formidably armed.” Era la filosofía que había adoptado en aquel mundo mágico, y la había seguido casi religiosamente. Siempre había sido una comelibros, y su memoria casi perfecta le permitía recordar casi todo lo que había leído. Pero no había nada escrito sobre ese mundo, por lo que había tenido que improvisar un poco.
    astrid
    Había muerto sólo tres veces. Todas a propósito. “Formidably armed.” No le había avisado a nadie, sabía que lo más probable era que reviviera sin problemas, y que varios se opondrían a la idea. Pero necesitaba ver ella misma qué era lo que sucedía al morir, cómo era específicamente que volvían a sus cuerpos, y nada la detendría en su misión de reconocimiento.
    astrid...
    La primera había sido la más difícil. Lo había hecho ella misma ya que no quería que nadie sufriera de secuelas por haberla asesinado. Ni tampoco darle el placer a algún psicópata. Había creado un veneno bastante potente mezclando hierbas y magia, pero su muerte había sido tan rápida y pulcra que casi no se había dado cuenta. Despertó en un pasillo cerca del laboratorio de ciencias, donde había estado husmeando un rumor que había escuchado el día de la tragedia en el momento en que la bomba explotó.
    Astrid...
    La segunda vez, decidió que quizás el suicidio funcionaba distinto, por lo que simplemente dejó que un cochino Teriántropo la despedazara en la primera noche de luna llena. Odiaba haberle llenado el estómago, en especial cuando después de sentir más dolor físico del que había sentido en toda su vida, simplemente había perdido el conocimiento y despertado de vuelta en el estúpido pasillo.
    Astrid
    La última vez que había muerto, esa misma noche de luna llena, se había adentrado en el territorio de los Vampiros. Supuso que una muerte más lenta podría ser la clave para recordar el proceso de reencarnación, pero había estado equivocada. La maldita perra dueña de la voz que les canturreó las reglas con tanta regalía no era tan tonta como parecía.
    “¡AAAAASTRID!”

    La joven profesora de inglés se sobresaltó tanto que hizo tambalear el librero en que estaba recostada. “¡Mierda!” Se aferró con fuerza de un lado, llevando la otra mano instintivamente a su paraguas mientras fruncía el ceño y se asomaba hacia abajo para reconocer a quien le había asustado. Solía perderse en divagaciones mentales, a veces sentía que su cuerpo era demasiado pequeño para tanta cabeza y pensamientos, pero sus alumnos ya estaban acostumbrados a traerla de vuelta a la tierra.

    “¡No, todo menos el paraguas!” Astrid soltó una carcajada y se dejó caer los casi tres metros de altura con una suavidad espectacular, casi como si flotara. Su paraguas era probablemente más famoso que ella. No cumplía ninguna utilidad especial, además de aterrorizar a todos con la posibilidad de que en algún momento la dulce y simpática profesora perdiera la cabeza y comenzara a repartir paraguazos a diestra y siniestra. La amenaza siempre estaba, pero en realidad Astrid Sharp no dañaría a una mosca si podía evitarlo.

    “¿Ya es hora?” Era un trueque normal, algo que Astrid normalmente no hacía, en especial si era fuera de la Biblioteca, pero había un rumor demasiado jugoso que quería corroborar ella misma. Además, adoraba mirar como las Ninfas jugueteaban en el Parque, y casi nunca se negaba a un paseo por allí. ¿El rumor? Una Doll con un objeto bastante, bastante peculiar. No habían podido explicarle bien qué era lo que le hacía tan especial, la verdad era que habían objetos de todo tipo, pero la perplejidad de sus informantes la tenía bastante intrigada.

    Su acompañante del día era uno de sus alumnos. Todavía los consideraba como tal, en especial porque se sentía completamente responsable por lo que les sucedía. “El tiempo vuela cuando estás en otro planeta. ¿No?” Era una pregunta cargada. Los Elfos habían aprendido a comunicarse casi en clave, dándose a entender a otras razas conversando sólo entre ellos. Lo que de verdad quería decir era más parecido a “Recuerda que estás rompiendo las reglas si estás perdida pensando en Casa y todo lo que hemos perdido. A mi también me duele.” Pero aquellas palabras eran demasiado directas, demasiado obvias. Los Elfos eran más inteligentes que eso.

    Astrid personalmente creía que la real zorra que los tenía encerrados allí soltaba carcajadas cada vez que sus alumnos se largaban a llorar de desesperación. Que hiciera lo que quisiera, Astrid Sharp moriría antes de romperse de esa manera, en especial frente a la hija de puta que sabía se regodeaba de haberse salido con la suya.

    “No hay otro mundo que este, sólo me preguntaba a quién se le reza aquí, tengo algunas quejas.” Sonrió con picardía mientras balanceaba su paraguas con una mano, dirigiéndose hacia la entrada de la Biblioteca. La mayoría de los Elfos que habitaban ahí sabían que la profesora Astrid Sharp se había tomado la sobrevivencia de esa raza bastante a pecho, y que creía que había una sola culpable de todo. Acallaba todos los rumores sobre “Traidores”, segura de que en realidad eran divagaciones paranoicas que les distraían del objetivo real: Destruir a la dueña de la vocecita.

    Las pinturas ya estaban listas, la verdad era que eran extremadamente fáciles de hacer, y Astrid tenía un lugar especial en su corazón para las Dolls. Le producían mucha ternura y nostalgia. ¿Por qué sería? No importaba, se aseguraba de abastecerles de pinturas siempre que tenía tiempo, sólo por darse el gusto de saber que estaba ayudándolas a encontrar lo que habían perdido, o entender emociones que no poseían.

    “¿Listo, Matt? Anda, tú lleva todo tu equipamiento pesado de macho recio, yo llevo la sombrilla y las pinturitas.” Hizo una mueca de niña inocente y colgó el paraguas desde el mango curvo en una de sus muñecas, gesto mecánico que a sorpresa de todos no le incomodaba en absoluto. Ese objeto siempre había sido como una extensión de su cuerpo, y aquello no había cambiado. Con esa misma mano tomó una pequeña bolsa hecha de tela que contenía tres recipientes medianos con los colores primarios, apoyando la otra en el hombro de su alumno.

    “A mi no me engañas, sé que en algún momento el paraguitas ese nos va a ser muy útil. ¿No viene el invierno?”
    Astrid sonrió y le dio un empujoncito mientras cargaba el arco largo y carcaj de flechas de madera. “Ni que lo digas, cada noche se siente más fría.” Armados ambos con guerra y paz, cruzaron la puerta de entrada de la Biblioteca en camino a su rendez vous.

    No se demoraron mucho en llegar al Parque: Cuando tenía que ser seria, Astrid Sharp se tomaba su rol muy a pecho. No tenía piernas muy largas, era motivo de burla en su adolescencia, pero las hacía trabajar casi tan bien como Matt, que medía más de diez centímetros más que ella.

    Estaban un poco adelantados, y así le gustaba. Astrid Sharp nunca llegaba ni tarde ni a tiempo a sus reuniones. “¿Ves a alguien?” Los Elfos no sobresalían por tener sentidos agudizados, pero Astrid discutiría que los Elfos no necesitan tener sentidos agudos cuando tienen cerebro y magia de sobra. A decir verdad, Astrid discutiría bastantes cosas, en especial cuando se trataba de defender a sus Estudiantes o Elfos.

    Matt tomó su forma de raza y llevó una de sus manos al arco que colgaba de su espalda. Sus ojos brillaron de un azul intenso por un momento, y luego asintió con la cabeza. “Una, pequeña.” Astrid suspiró, un poco decepcionada, ahí iba su chance de esconderse a mirar cómo pequeñas haditas juegueteaban con la Naturaleza. Las Ninfas no solían andar solas. “Debe ser nuestra cita entonces.” Tomó la sombrilla que colgaba de su muñeca y la recostó sobre su hombro derecho, abriéndolo con cuidado. Se acercó un poco a Matt, lo suficiente como para cubrirle la espalda un poco de los rayos de sol que se colaban por los árboles.

    “No se está moviendo.” Astrid entrecerró los ojos y ladeó la cabeza un poco, intentando discernir si estaba viendo bien o quizás volviéndose loca. ¿Y entonces qué es eso? Soltó una risita y posó su mano libre sobre el hombro de su Estudiante al notar la misma pregunta en su expresión, teñida de un poco de preocupación. Las Dolls no eran estúpidas, sabían que la relación diplomática con los Elfos les beneficiaba y le constaba que no harían nada para echarla a perder.

    Se acercaba a un paso extremadamente lento, quizás más para Astrid, que era un ser impaciente por naturaleza. La Elfa se acercó a la pequeña figura con delicadeza y una sonrisa, arreando al confundido adolescente con los rayos del paraguas que abrazaba parte de su espalda.
    Cuando estuvieron a unos seis metros, se detuvo y enunció en una voz casual pero con un volumen un poco más alto de lo normal para una conversación entre dos personas: “Mira Matt, creo que tenemos compañía.” “¿Está viva?” Los ojos del chico volvieron a brillar, esta vez de manera casi imperceptible, y esta vez negó con la cabeza con la misma discreción. “Tienes razón, ahí viene, y creo que lleva una cesta con algo.” Astrid era bastante más experta en comunicarse sin la necesidad de comunicarse directamente, pero el resto de los Elfos había aprendido por necesidad a manejarse lo suficiente como para proteger a sus familiares y amigos.

    Si no estaba viva, entonces no era considerada una Raza como tal. Hasta las Dolls tenían almas. Si no era una de las Razas, entonces la primera regla no era aplicable. ¿Qué estaba haciendo semejante objeto en un juego como este? Astrid Sharp no podía comprenderlo, pero la posibilidad le fascinaba. Recogió un mechón de pelo rosa detrás de una oreja, observando a la pequeña muñeca mientras se acercaba.

    “Si no me equivoco, viene a intercambiar esa cesta por estas pinturas.” Volvió a enunciar, ahora con un poco menos de volumen debido a la cercanía de la muñeca. Astrid se agachó con la misma delicadeza y fluidez que reinaba en cada uno de sus movimientos, dándole suficiente tiempo a Matt para alejarse un poco, y le sonrió a la muñeca que estaba ya a casi un metro de distancia. “¿Cierto, linda?” Acompañó la pregunta directa con una sonrisa genuina, intentando esconder la curiosidad detrás de sus ojos.

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    Mensaje por Chloe Bubelle el Mar Abr 02, 2019 12:22 pm

    La misión de Fleta:

    "Pat. Pat. Pat. Pat. Pat..."

    La pequeña muñequita seguía su camino con ciertas dificultades, pues la cesta se le hacía bastante grande, y le pesaba llevándola encima de su cabeza, provocando que de vez en cuando se tambalease hacia los costados a punto de caerse. Por el camino, incluso se planteó dejar caer la cesta y llamar a los elfos a que fueran a por ella. O simplemente, dejarla y empezar a correr. ¡Había visto una mariposa muy bonita, y se moría de ganas de atraparla! A medio camino, Fleta se paró y giró su cabeza hacia un costado, observando a Chloe de reojo. Su dueña, a diferencia de antes, ahora se había cruzado de brazos mientras no le quitaba el ojo de encima, negándole con la cabeza. La niña sabía perfectamente que tenía Fleta en mente dentro de su relleno de algodón. Tras un suspiro de cansancio y frustración, la muñequita siguió con su misión. No debía perder la razón, ¡si no quería llevarse un buen capón!

    -Mandarme a mí a hacer el trueque, ¿qué se ha pensado Egliette? Esa tía tonta, yo no soy ninguna esclava, yo soy una princesa. ¡Las princesas no hacen trabajos forzados! ¡Gññññgh...! ¡N-no puedo más! ¡Maldita sea! Más les vale a estos elfos ser respetuosos conmigo, o si no juro qu-¡AAAAAAAAYYYYY!-Por el camino fue farfullando quejas y palabrerías hacia todo el mundo, hasta que, cuando tan solo estaba un escaso metro de la pareja, Fleta acabó tropezando, cayendo y tirando la cesta y todo su contenido por el suelo. Se pudo escuchar una palmada de fondo, provocada por el tremendo facepalm que se dio Chloe al ver el estropicio. Por un momento hizo el gesto de moverse hacia ellos y ayudarla, pero tras pensárselo, se detuvo y se limitó a seguir observando. ¡Como castigo por ser tan irrespetuosa!

    Entre farfullos, insultos, quejas y maldiciones de todo tipo, la pequeña muñeca iba colocando todo como podía en el cesto. Lo cierto es que estaba siendo una situación bastante graciosa, apuesto a que ver una diminuta y adorable muñeca colocando de mala manera todo dentro de una cesta mientras maldecía por lo bajo con una voz chillona, le sacaría una sonrisa a cualquiera. Finalmente, cuando ya estuvo todo "puesto" en la cesta (habían pétalos esparcidos por el suelo, migajas de comida desperdigadas y varias plantas dobladas por el tallo de manera violenta sobresalían de ésta) Fleta comenzó a arrastrarla con sus manitas usando toda la escasa fuerza que tenía, como si le fuera la vida en ello. Tras unos incesantes segundos llenos de la más absoluta tensión, la muñequita arrastró la cesta hasta los pies de la mujer, la cual fue la primera en dirigirse a ella anteriormente. ¡Enhorabuena, Fleta! ¡Al fin lo has conseguido! ¡Un aplauso para la pequeña!

    Agotada, se dejó caer al suelo, quedándose sentada mientras apoyaba su espalda en la propia cesta, para poco después alzar la mirada y observar los elfos con los que debía realizar los intercambios. La mujer que portaba un paraguas era bastante bella, y tenía un aspecto curioso, pues su cabello poseía dos colores, al igual que sus ojos, pues uno era de color blanco. ¿Heterocromía, o es que simplemente era tuerta? Luego estaba el elfo, tampoco tenía nada que envidiarle a la muchacha. Se mostraba bastante alto, de a-¡Bah, venga ya narrador! ¿Qué más me da que una sea tuerta y el otro manco? ¡Me importa un pigmento! Digo, ¡pimiento!-...-A ver, vosotros dos. Aquí tenéis vuestra parte, dadme las pinturas.-Chloe estaba prestando atención a lo que escuchaba, pues a pesar de que estaba alejada de ellos, la voz de Fleta era lo suficientemente chillona como para escucharse desde bien lejos, sobretodo cuando se ponía exigente.-No sabéis el infierno por el que he tenido que pasar para traeros esta estúpida cesta. ¡Estoy bien enfadada, este no es trabajo para mí! ¡Así que no me hagáis esperar más, que quiero irme pronto a casa!-Se cruzó de brazos, indignada. Chloe dejó escapar un suspiro, quisiera o no, al final tendría que intervenir. No iba a permitir que su muñeca le hablase así a los negociadores.


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    Mensaje por Astrid el Vie Abr 05, 2019 6:22 pm

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  • Astrid intentó con todas sus fuerzas no largarse a reír a carcajadas con la caída de la pequeña muñeca que parecía ser una corriente de refunfuños sin fin. No podía evitarlo, las caídas siempre le habían causado gracia, pero en ese momento sólo pudo morderse la lengua y apresurarse a ayudar a la gruñona muñeca a recoger todo lo que había tirado en el suelo.

    Giró su cabeza para asegurarse de que Matt no arruinara todo, y lo encontró cubriendo su boca y haciendo espasmos de risa. “Contrólate Matt, ya nos reiremos luego.” Dijo con su ceño fruncido y una pequeña sacudida de cabeza. El chico asintió, intentando controlarse con todas sus fuerzas, pero tuvo que cerrar los ojos con fuerza y respirar profundo un par de veces para poder hacerlo.

    Astrid hizo girar el mango del paraguas con un pequeño movimiento de su muñeca, creando un pequeño efecto de kaleidoscopio detrás de ella mientras se concentraba en la incógnita al frente de ella. ¿Una muñeca de mentira con sentimientos de verdad? Anda, que clase de broma pesada es esta. Pensó la profesora mientras mordía el interior de su mejilla con fuerza, intentando guardar las carcajadas para cuando ya estuviera sola. Había gente que podía reírse de sí mismos, pero la pequeña e intensa muñeca parecía no ser de ese tipo. ¿Qué más podía hacer?

    La profesora observó con perplejidad como el juguete viviente movía la canasta, demasiado intrigada por ella como para ayudarla en ese momento. Cuando se dejó caer al suelo, aparentemente cansada, Astrid recordó sus modales y se inclinó hacia adelante. “Pobrecita, ven, déjame limpiarte un poco.” Murmuró con un tono maternal, quitándole un par de hojas secas de encima con cuidado y una sonrisa.

    Parpadeó un par de veces ante el trato que le estaba dando aquella muñeca. Astrid no estaba acostumbrada a que la trataran así, en especial en aquel contexto donde ella era la Profesora, y parte de los que ayudaban a liderar a los Elfos. Pero nunca se había ganado el respeto de nadie por medio de fuerza o intimidación, si no simple amabilidad y cortesía, y esta vez probablemente sería lo mismo.

    “Pobre muñequita. Eres demasiado frágil y linda para tanto trabajo manual.” Su tono era honesto y no condescendiente en absoluto aunque sus palabras sí que lo eran. No había mucho en la canasta, la verdad era que probablemente había gastado más materiales en hacer los frascos de pinturas de los que la muñeca llevaba en la canasta, pero si lograba sacar más información acerca de aquel objeto tan particular no le importaba que el intercambio no fuera completamente justo.

    Astrid sacó los tres frascos de pintura de la bolsita y rápidamente notó que la muñeca no sería lo suficientemente fuerte como para acarrearlos todos de vuelta a la sala de arte. “Estos son los frascos, pero… ¿Quieres que te ayude a llevarlos de vuelta? Puedo llevarte en mi hombro si estás cansada.” Ofreció con la misma sonrisa amistosa mientras recogía el resto de las cosas que habían quedado desparramadas por el piso.

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    Última edición por Astrid el Mar Mayo 07, 2019 8:02 pm, editado 1 vez



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    Mensaje por Chloe Bubelle el Dom Abr 07, 2019 5:04 pm

    Ante aquella diminuta muestra de afecto por parte de la mujer apartándole las hojitas de su cabeza, la pequeña muñeca tan solo cerró los ojos en total silencio. Pero las palabras que escuchó a continuación, sin duda le gustaron.-¡Vaya, al fin alguien que me entiende! Por supuesto, yo no puedo encargarme de esto. Tsk.-Se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia un costado. Pero lo que escuchó después, le gustó incluso todavía más. ¡Tanto que hasta se levantó de golpe!-¡Ah! ¡Sí, sí! ¡Llévame! E-es decir... ¡Uffff, qué cansada estoy...! ¡No puedo más...!-Sin duda alguna, había aprendido bien de Chloe y sus obras de teatro.-¡Eh! ¿¡Cómo que teatro!? ¡No estoy mintiendo, estoy cansada de verdad, mira, mira! ¡Estoy sudando!-Pues yo no veo nada, ni una sola gota.-¡Cállate, tonto narrador!-Acto seguido, alzó los bracitos con la intención de que la chica la elevase.-¡Por allí, por allí! Egliette está allí al fondo.-Exclamó, eufórica.

    Lo cierto es que poco le importaba a Fleta el intercambio. ¡Ella solo quería largarse de allí! ¿Y qué mejor forma de volver que en el hombro de alguien? Era un plan fantástico.-Que sepas que me esforcé mucho en recoger todas esas flores para vosotros. ¡Egliette también! Pero ella solo tomó basura apestosa y comida podrida, puagh.-Tras eso, dejó escapar una pequeña risita.

    Mientras tanto, Chloe observaba todo desde la lejanía. Entrecerrando un poco los ojos para centrar más su vista, vio a la pareja acercándose a ella mientras la muñequita estaba tan tranquila en el hombro de la muchacha. Dejó escapar un suspiro mientras negaba con la cabeza, comenzando a caminar hacia ellos. Chloe se mostraba tranquila, mirando fijamente al frente, mientras que poco a poco se iban acercando más, y más... Hasta que, en cierto punto, la joven muñeca se detuvo. Extendió su brazo derecho hacia ellos, y de su enorme manga salieron una gran cantidad de hilos brillantes que rodearon a Fleta y la separaron de su "montura".-¡¡¡WAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaahhh!!!-Exclamó, mientras era arrastrada por el aire a una gran velocidad hacia su dueña.-Te dije que los tratases bien, Fleta.-Chloe miraba a la muñeca por encima, con un rostro que, ciertamente daba bastante miedo.-¡P-pero si no hice nada malo! ¡Les he tratado bien!-En ese momento, Chloe alzó la muñeca y tras levantar levemente la corona para hacer hueco en su cabeza, metió a Fleta debajo de ésta, escondiéndola.-No solo les hablas mal, si no que también les exiges que te lleven.-La cabecita de Fleta asomó debajo de su corona, inclinándose hacia abajo para mirar a Chloe a la cara.-¡No es cierto! ¡Ella se ofreció a llevarme!-Perdonad su comportamiento, no volverá a pasar.-¡Qué sí! ¡Qué digo la verdad!-Ambas miraron fijamente a la chica, en silencio, esperando una respuesta.


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    Mensaje por Astrid el Vie Abr 12, 2019 11:02 pm

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  • Astrid suprimió una sonrisa ante las palabras de la muñeca viviente. ¿Quién diría que un poquitín de manipulación llegaría tan lejos? Era tan fácil como decirle lo que quería escuchar. Debe ser magia muy básica, o quizás la muñeca es simplemente muy tonta. Pensó mientras mantenía su expresión de preocupación, alzando a la muñeca con cuidado de no apretarla mucho o algo por el estilo al ponerla sobre su hombro.

    Cerró el paraguas y lo volvió a colgar de su brazo, recogiendo la cesta con pigmentos antes de avanzar hacia donde la muñeca le había indicado. Le lanzó una mirada a Matt, que prontamente comenzó a avanzar de manera diagonal, alejándose de Astrid lo suficiente como para observar lo que sucedería de lejos pero dentro del rango de su arco largo.

    “Me imagino que te esforzaste mucho, el parque es muy grande y casi no quedan flores lindas como las que encontraste.”
    Comentó con un tono dulce mientras caminaba cuidadosamente entre las plantas. Se cuidaba de no pisar ningún brote o pequeño arbusto, extremadamente consciente de que aquel lugar era explotado por todos como fuente de comida o refugio.

    Escuchó pasos ligeros provenientes del lugar donde Matt había señalado anteriormente, por lo que no se sorprendió al ver a la solitaria Doll entre los árboles. A diferencia de la muñeca que parloteaba en su hombro, Astrid notó que su dueña parecía mucho más calmada e inexpresiva. No se inmutó al ver los hilos volando directamente hacia ella, manteniendo su sonrisa agradable mientras su pelo se movía con la ráfaga de viento provocada por aquella curiosa habilidad.

    A diferencia de ella, Matt no logró mantener la compostura y llevó sus manos al arco que colgaba de sus hombros, pero no alcanzó a montar una flecha en él antes de observar cómo los hilos simplemente reunían a la muñeca con su dueña. A su suerte, estaba suficientemente lejos como para que quizás la muñeca no se diera cuenta de su torpe reacción, pero Astrid le lanzó una fugaz mirada de reproche.

    Llevó una mano a la cintura mientras las muñecas discutían, descansando todo su peso en una cadera que llevó hacia un lado en una pose elegante pero relajada. Estudió la expresión de la Doll con cuidado, tratando de medir cuánta humanidad había perdido ya en aquella forma de raza. La respuesta le caló los huesos, en especial cuando tenía la sensación de que era tan solo una niñita.

    Se estremeció un poco ante el hecho de que la Doll le había hablado directamente. Fuera de los Elfos, casi nadie ya le hablaba de esa manera, y sólo podía recordar aquella vocecita tan familiar que le había explicado las reglas aquel fatídico día del festival. “Es cierto, Fleta, has sido muy amable conmigo.” No podía dirigirse directamente a la pequeña, ni aunque quisiera hacerlo, Astrid Sharp tenía demasiado que perder. Le sonrió a la muñequita, ladeando la cabeza y cerrando los ojos con amabilidad. “Te veías tan cansada de acarrear la canasta que me ofrecí a llevarte.”

    Se sentía de vuelta haciendo clases en preparatoria, metida en el medio de un problema que no le incumbía, pero Astrid era paciente cuando quería serlo, y muy buena mediadora. “Además, me temo que las pinturas son demasiado pesadas como para que las puedas llevar todas de un viaje.” Explicó tomando la bolsa con pinturas que llevaba colgando de una muñeca con la mano contraria. “Por lo que preferí llevarte directamente donde tu dueña, y aprovechar de agradecerle.” Extendió su mano hacia las dos niñas, ya poco segura de cual era más o menos humana que la otra, ofreciéndoles la bolsa de pinturas. “¿Es todo lo que necesitas?” Preguntó, dirigiéndose a la muñeca e ignorando con la mirada a la Doll, pero manteniendo una sonrisa picarona. Era bastante más fácil hacer trueques cuando había un intermediario.

    Casi esperaba que hubiese algún problema, que necesitaran algo más, tan sólo para tener más tiempo de observar el comportamiento de aquella curiosa muñeca que no era ni Doll ni humana, pero parecía tener más emociones que su dueña. ¿Cuál sería la función de un objeto tan particular como ese si su dueña no temía romper las reglas?

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    Mensaje por Chloe Bubelle el Lun Abr 15, 2019 10:34 am

    Tanto Chloe como Fleta mantenían su mirada fija en la mujer, escuchando con atención sus palabras. Lo cierto es que lo que dijo, sorprendió gratamente a la joven doll. Por una vez, Fleta no estaba mintiendo. Cuando terminó de hablar, hubo un silencio incómodo durante varios segundos.-¿¡Ves, ves!? ¡No estaba mintiendo! ¡Tsk!-Aún asomándose debajo de la corona de Chloe, ésta le dio un pequeño manotazo en la frente a su dueña, mientras que ella tomaba las pinturas.-Ya veo. Perdón por este malentendido.-Acto seguido, abrió la bolsa para contemplar su interior. Estaba todo en orden.-Sí. Eso es todo. Gracias.-Sin dirigirle la mirada, hizo una pequeña reverencia y se dio la vuelta.

    Chloe empezó a caminar de vuelta a la sala de arte, pues ya no había nada más que hacer. Pero, oh, desde luego que aquel encuentro no iba a terminar ahí.-¡Oooooooh!-La pequeña muñeca exclamó asombrada, ¿qué habría visto? Sin dudar ni un momento, Fleta se quitó la corona de encima, tirándola al suelo, y acto seguido saltó desde la cabeza de su dueña al césped, para empezar a correr con sus pequeñas piernecitas hacia la izquierda. Esto la separó del camino, introduciéndose ente los arbustos y la vegetación que permanecía alrededor y entre todo el parque.-Fleta.-Calmada, Chloe la llamó, pero no obtuvo respuesta alguna.-¡Fleta!-Al no oír respuesta, extendió sus brazos y una vez más, un sinfín de hilos volvieron a salir por sus mangas, aferrándose a los arbustos y apartándolos con cierta violencia. Allí no estaba su pequeña muñeca. ¿Se había perdido? ¿Tan rápido?

    Tras parpadear un par de veces, hizo desaparecer los hilos y se giró hacia la chica del trueque. Por un momento optó en pedirle ayuda, pero... Lo más seguro es que no fuera posible. Estaría rompiendo una de las normas, y sinceramente, tampoco tenía esperanza alguna en que le ayudase, ya que su cometido estaba cumplido. Tras meditar aquello unos segundos, se agachó para recoger y ponerse su corona, y volvió a dirigir su mirada hacia la vegetación, adentrándose en ésta. ¿Dónde se había metido la revoltosa muñeca?


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    Mensaje por Astrid el Mar Mayo 07, 2019 11:12 pm

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  • Astrid sintió que se le encogía el corazón un poco al ver a la Doll darle la espalda. Ahí va mi chance de investigar aquella muñeca. Ladeó la cabeza, observando mientras el par de muñecas que quizás juntas hacían un alma humana se alejaba. Pero su deseo de que necesitaran algo más se había cumplido, y Fleta aparentemente se había distraído con algo, desapareciendo como por arte de magia entre los arbustos.

    La Doll se giró hacia ella, dirigiéndole una mirada que Astrid no logró comprender, pero respondió con una sonrisa alentadora de todos modos. No era posible que la muñeca hubiese ido tan lejos. La profesora levantó su brazo en señal de que Matt debía acercarse, y el Elfo llegó a su lado en un par de segundos, desde la derecha. Ya que su intermediaria había desaparecido entre los matorrales, tocaba rebotar palabras con su aliado.

    “Matt, ¿Viste a la muñeca por algún lado?” Probablemente no, debido a que había llegado por el lado contrario de donde había desaparecido, pero la pregunta era más para que la Doll escuchara que Astrid tenía intenciones de ayudarle. ¿Por qué razón? Curiosidad, mayoritariamente, junto con el hecho de que extrañaba estar en la naturaleza.

    “¿Se perdió?” Murmuró sin aliento. El chico había corrido con arco en mano, pero al darse cuenta de que el problema no era entre Astrid y alguien más volvió a colgarlo sobre su hombro, mirando a su alrededor en busca de la muñequita. Veía en los ojos de Matt que él también se sentía a gusto en ese lugar, por lo que no creía que perderse entre los matorrales sería un problema para él.

    “Sí, préstame tus ojos y ayúdame a buscarla, es demasiado pequeña para que ande sola.” Sabía que no iba a poder verla entre los árboles de la misma manera en que había encontrado a la Doll, pero un par de ojos más nunca sobraban en una búsqueda. No creía que las Ninfas le harían daño, pero si Fleta tenía mala suerte y pésima orientación podía terminar en el Taller. Se estremeció de solo pensarlo.

    Astrid se hizo paso entre el bosque, caminando un poco detrás de la Doll y manteniéndose un par de metros hacia su izquierda. “Matt, derecha.” Murmuró, apuntando hacia la derecha de la niña. Había visto hace mucho tiempo un programa donde tenían que buscar a alguien en el bosque, y replicó aquella técnica de barrido. El chico asintió y tomó su lugar un par de metros hacia la derecha, usando su arco para mover las plantas sin romperlas

    “No puede haber ido tan lejos.” Le exclamó al chico, intentando alentar a la Doll aunque no estaba muy segura de si esta podía siquiera sentir preocupación por su muñequita perdida. Procuró mirar debajo de cada arbusto, moviendo las plantas con cuidado de no hacerles daño, y Matt hizo lo mismo. Si la muñeca no había desaparecido por arte de magia, la encontrarían sin duda alguna.

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    Mensaje por Chloe Bubelle el Lun Mayo 20, 2019 2:38 pm

    -¡Fleta! ¡Fleta!-La muñeca gritaba el nombre de su pequeña acompañante, con la intención de oír una respuesta. Una respuesta que no llegaba. Sin embargo, su voz se contradecía con sus acciones. El rostro inexpresivo y su avance medianamente tranquilo entre los árboles permanecía en ella, dando la sensación de que no le importaba en absoluto lo que le pasase a Fleta.

    "No puedo perderla, no puedo perderla, no puedo perderla."

    Pero por dentro... Por dentro se estaba repitiendo a sí misma una y otra vez que debía encontrarla. Esa muñequita se había vuelto muy importante para ella, y perderla, significaría perder todas las respuestas sobre su pasado.-¡Gññññgh...! ¡Agh!-Usando de nuevo sus hilos, destrozó con cierta violencia varios matorrales que se interponían en su paso. Tras eso, oyó la voz de la pareja detrás suya, al parecer se habían ofrecido a ayudarle con la búsqueda. Se sintió agradecida de tener alguien más que le ayudase a encontrar a la pequeña. Sin embargo, de pronto, sintió una sensación extraña. Una sensación que en aquellos momentos no sabría como describir.

    Dicha búsqueda continuó y continuó, por unos largos y eternos minutos. Chloe miraba detrás de cada árbol, debajo de cada arbusto, atenta a cualquier detalle, cualquier indicio de que Fleta había estado por aquí. Hasta que, finalmente... lo encontró.-...-Algo de color blanco destacaba entre las hojas secas del suelo. Chloe se agachó lentamente para recoger, entre las largas mangas de su vestido, un pequeño bracito de tela, cuyo extremo estaba desgarrado, como si lo hubieran arrancado de cuajo. Y más adelante, un diminuto rastro de algodón se extendía por el suelo.-Fle... Fleta...-Fue en este momento cuando la muñeca notó algo.

    Una chispa de humanidad:

    Su vista comenzó a dilatarse. Sus manos empezaron a temblarle levemente. Una energía estaba creciendo en su interior. Una energía que, por alguna razón, le daba fuerzas, le inspiraba a seguir adelante. Una energía...-¡¡FLETAAAAAA!!!-...llena de desesperación. Impulsada por dicha fuerza que ardía en su interior, Chloe guardó el bracito bajo su corona y empezó a correr con todas sus fuerzas persiguiendo aquel rastro de relleno de algodón. Su cuerpo y sus piernas se movían solas, con un único objetivo: tenía que encontrarla YA.

    Dicha carrera la llevó a un pequeño claro, donde predominaban hierbajos secos y algunas rocas. Y, encima de una de esas rocas, había una oscura figura. Se trataba de un lobo moribundo, de pelaje negro y mugriento, el cual portaba algo entre sus fauces mientras movía la cabeza hacia los lados de manera violenta, tratando de desgarrar lo que fuese aquello. Objeto que Chloe reconoció casi al instante.-No... ¡NOOOO!-Tras extender los brazos hacia el animal, una enorme cantidad de hilos brillantes salieron de sus mangas, rodeando a la muñeca.-¡DEVUÉLVEMELA!-Su voz, antes fría y sin vida, ahora resonaba con fuerza y energía. La joven comenzó a tirar para quitársela al lobo, pero este hizo lo propio, convirtiéndose en un tira y afloja entre ellos dos que ponía en serio peligro la vida de la pequeña muñeca.

    ¡Crrrrrrack!

    Sin embargo, ¿qué hacía un lobo en el instituto? Teniendo en cuenta la cantidad de razas que hay, habían varias opciones, y la más probable es que se tratase de un Shape Shifter que por alguna razón, no le había gustado la muñequita. Fue el sonido del cuerpo de Fleta comenzando a desgarrarse por ambas fuerzas el que le sacó de sus pensamientos y le hizo darse cuenta de lo que iba a conseguir si intentaba arrebatársela de esa manera. También se percató de que Fleta, en aquellos momentos, no se movía ni decía nada. ¿Estaba... muerta? No. Aquella sensación que sintió minutos antes fue el de la pequeña muñeca "desconectándose" de su cuerpo. Había dejado de usar parte del alma de Chloe, seguramente para dejar de sufrir ese desagradable episodio. Los hilos que tiraban de Fleta desaparecieron momentáneamente, para volver a aparecer en una mayor cantidad y rodear así el cuello de la bestia.-¡TE ARREPENTIRÁS DE HABERME ROBADO A FLETA! ¡PIENSO OBLIGARTE A QUE LA SUELTES!-Chloe tenía intención de ahogar al lobo mientras tiraba de él, arrastrándolo poco a poco hacia ella.

    Sin embargo, algo interferió entre aquella pelea.-¡Agh!-La joven fue tirada al suelo, obligada a deshacer los hilos para centrarse en un nuevo problema: aquel Shape Shifter no estaba solo. Otro lobo un poco más pequeño que el que tenía a su preciada muñeca arremetió contra Chloe, saltándole encima y tirándola al suelo. La muchacha se cubrió el rostro con los brazos, mientras que el can se los mordía clavándole los colmillos con fuerza y tiraba con violencia, desgarrando la tela de éstos.-¡Ñgh! ¡Ay! ¡SUÉLTAME, MALDITO LOBO!-.


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    Mensaje por Astrid el Mar Jun 11, 2019 1:46 am

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  • Aunque Astrid estaba bastante concentrada en encontrar la muñeca, una pequeña parte de sus sentidos estaba concentrada en observar a la Doll. Era fascinante y horroroso al mismo tiempo. Le era difícil imaginar que aquella niña había sido en algún momento una humana con sentimientos, y el juego no había comenzado hace demasiado. Sabía que la forma de raza afectaba la psiquis y personalidad del humano que la tomaba, pero no había visto nunca un caso tan extremo como ese. Sonaba como si realmente quisiera preocuparse, pero la capacidad de hacerlo parecía simplemente ya no existir en su interior.

    Notó, también, la habilidad que tenía de extender hilos desde… ¿Dentro suyo? Curioso. Había visto cosas más extrañas, pero la enorme variedad de habilidades nunca terminaba de sorprenderle. “Oh no...” Murmuró cuando los hilos rompieron los matorrales, segura de que las Ninfas del Parque no estarían contentas con aquello. Quizás tenían suerte de que no había visto ninguna cerca. Se acercó al matorral para asegurarse de que no había recibido heridas letales, haciendo una nota mental de mandar a algún Elemental o Elfo habilidoso a restaurar la planta antes de que las Ninfas se revolucionaran. No se juega con una Ninfa enojada. Se estremeció un poco de tan sólo pensarlo, y luego siguió con la búsqueda de la muñeca perdida.

    “Uh-oh…” Volvió a murmurar cuando notó el camino de algodón en el suelo. Astrid se llevó una mano a la boca al escuchar el chillido de la muñeca. Desgarrador, lo suficiente como para encoger un poco su corazón. Sintió las emociones volver a la pequeña ante el miedo de perder su muñeca, y había sido suficiente para terminar de convencerle de que tenían que ayudarle. No podía evitarlo, Astrid Sharp se involucraba en cualquier asunto que no le incumbía, era quizás su característica más… Característica. “Ya oíste Matt.” Su ex alumno la conocía lo suficiente como para saber que ahora esa era la prioridad número uno.

    Ambos Elfos corrieron detrás de la muñeca hasta llegar al claro, pero en el momento en que Astrid notó al enemigo, sintió a Matt desaparecer de su vista. Vale chico, haz lo tuyo. La profesora se quedó fuera de vista de los animales, analizando la situación como sabía que su alumno también estaba haciendo. ¿Un lobo? Extraño, los animales del exterior no pasan la neblina, debe ser un- Claramente la Doll estaba recibiendo demasiadas emociones y aquello estaba turbando su razonamiento, debido a que en ese instante había rajado más la muñeca en un intento de recuperarla.

    Aún así, la muñequita parecía no reaccionar. ¿Estaba viva en ese momento? Quizás por eso las emociones de la Doll habían vuelto, quizás no era que las había perdido del todo, si no que eran lo que le daba vida a la muñeca. Era una buena tesis, tendría que corroborarla de alguna manera después de recuperar y remendarla. Se metieron con la Doll equivocada, muchachos. Pensó al ver a la pequeña ahorcando al canino con sus hilos. Estaba demasiado concentrada en la escaramuza y no notó el segundo lobo, fue testigo de cómo este le saltaba encima a la pequeña. Por la espalda y sin honor, vergüenza debería darles. Quiso interferir, pero sabía que Matt estaba trepado en algún árbol listo para disparar y no quería arruinar el tiro.

    Nah, imposible. Decidió, incapaz de quedarse parada esperando, y en tres zancadas había llegado al lado de la pequeña, saliendo de detrás de un árbol demasiado rápido como para alertar al lobo de su presencia. Le propinó una fuerte patada en el hocico que lo detuvo por un momento y la siguió con otra en las costillas que le dejaron sin aliento, posicionándose entre los lobos y la Doll sin perder a ninguno de vista. Shifters que no pertenecen a La Manada juzgando por lo flacuchos que están y lo estúpidos que son.

    “¿Qué aprendimos hoy?” Le preguntó al aire, lo suficientemente fuerte como para que Matt escuchase de donde fuera que estaba. Estiró su brazo derecho hacia el lobo que había recuperado el aliento y parecía querer volver a atacar, blandiendo su paraguas como una espada. El otro había comenzado a rodearla, pero se detuvo en confusión al ver la sombrilla.

    Se veía bastante ridículo desde afuera, pero su mirada era intensa y guardaba tanta desaprobación que cualquiera hubiese pensado que lo que tenía en la mano era un arma mortal. Cualquiera que no conociera a Astrid Sharp. “The enemy of my friend is my enemy.” Musitó, esbozando una sonrisa que parecía fuera de lugar con el resto de su expresión en ese momento. Su tono era dulce y cálido, pero su mirada demostraba infinito reproche, parecido al de una madre desilusionada con las acciones de sus hijos.

    En el momento en que terminó de hablar, una flecha zumbó cerca de su cuello, haciendo revolotear los mechones de pelo rosado, y se clavó en el suelo al lado del torso del lobo que había atacado a la Doll por la espalda. Había rasgado la piel del animal levemente, pero había sido suficiente como para hacerle entender que no estaban atacando sólo a una niñita si no que a por lo menos tres personas.

    Su distracción había sido perfecta, y claramente estos Shifters eran demasiado estúpidos como para saber dónde se encontraba el francotirador. Tan inútiles que La Manada no los quiere, a juzgar por su delgadez, o quizás demasiado orgullosos o estúpidos como para trabajar en equipo. De cualquier manera no les respetaba, pero no quería derramar sangre innecesariamente, no estaba aquí para eso.

    “Un Elfo nunca falla su tiro. El siguiente, a las cabezas si no sueltan la muñeca y se retiran.” Ordenó a Matt en voz alta, levantando su mano izquierda abierta para mostrar que tenían cinco segundos para dejar la muñeca y alejarse. Su mirada ahora era desafiante pero piadosa. Les estaba dando una segunda oportunidad para retirarse, y realmente quería que la tomaran.

    La verdad era que el siguiente tiro probablemente sería a las patas para hacer que corrieran, o quizás arriesgaría una flecha contundente en vez de punzante en el hocico del lobo que tenía a Fleta para que la soltara, pero no tenían intención de asesinarles todavía. Astrid usaba esa estrategia bastante, sabiendo que la mayoría escaparía ante la idea de meterse contra todos los Elfos neutrales, en especial si eran simplemente dos pobres infelices muertos de hambre. La Manada no necesitaba robarle juguetes a niños para conseguir su comida, lo hacían fuera de la neblina y eran los mejor alimentados de todos. No tienen honor ni etiqueta, merecen salir de aquí corriendo con la cola entre las piernas.

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    Última edición por Astrid el Mar Jul 30, 2019 5:35 pm, editado 1 vez



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    Encuentro entre trueques y pinturas. [Priv. Astrid Sharp] Empty Re: Encuentro entre trueques y pinturas. [Priv. Astrid Sharp]

    Mensaje por Chloe Bubelle el Mar Jun 11, 2019 10:49 am

    Las fauces de aquella bestia la tenían atrapada. Por más que la muñeca se resistía e intentaba zafarse, era algo imposible. Si quería salir viva de esta, tenía que recurrir a su siguiente poder: el desmembramiento. Quizá así, el lobo se quedaría con los brazos en la boca y ella tendría una oportunidad para levantarse.

    Sin embargo, aquello no llegaría a ocurrir nunca, pues veloz como el viento, la supuesta elfa con la que había hecho el trueque apareció en escena, propinando unas fuertes y precisas patadas tanto en el hocico como en las costillas del lobo. Acto que, obviamente, lo hizo retroceder, y Chloe aprovechó para gatear hacia atrás y tratar de levantarse como podía. Jadenado, se contempló por unos instantes los brazos. Las mangas estaban agujereadas debido a aquellos afilados colmillos, y ya atravesando su piel de tela, restos de algodón sobresalían de éstos. Sin embargo, aún eran funcionales, ya que podía moverlos sin problema.

    Acto seguido fijó su mirada ante lo que estaba sucediendo delante. La mujer se encontraba ahora delante de ella, cubriéndole, apuntando con su paraguas al lobo que había atacado anteriormente a la Doll. La muchacha se mostraba completamente tranquila, firme, segura de sí misma. Pero, ¿qué clase de arma sería ese paraguas? ¿Sería ese objeto del que le habló Persephone, el cual todos acabamos consiguiendo? ¿Escondería algún tipo de espada o arma? Sin duda, en aquellos momentos, le llamó la atención. Pero eso sería mejor dejarlo para después, si es que salen de esta. Desde luego, Chloe estaba dispuesta a seguir dando guerra hasta recuperar su tan preciada muñeca.

    De pronto, un zumbido se escuchó pasando cerca de la muchacha, rozando así el torso del animal, acto que pondría a ambos cánidos en alerta. La mujer les amenazó, y ante esa situación, lo más sensato para aquellos lobos era retirarse si no querían salir mal parados. Cosa que, aparentemente, estaban dispuestos a hacer.-Oh, no...-En ese momento, Chloe dio varios pasos al frente, para luego detenerse al lado de la chica.-Vosotros no os vais a ninguna parte.-Su rostro estaba ciertamente oscurecido, y su voz... Oh, su voz sonaba completamente distinta. Si bien sus palabras solían estar vacías, en éstas, se podía notar un gran resentimiento y asco. Tras aquello, ambos brazos de Chloe cayeron al suelo. Pero pocos segundos después, ambos empezaron a flotar, y concretamente el brazo izquierdo, comenzó a elevarse a gran velocidad hacia el cielo, perdiéndose entre los árboles. Chloe no estaba dispuesta a dejarlos escapar. No estaba dispuesta, si quiera, a dejarlos con vida.

    ¿Quizá era porque se estaba dejando llevar por aquellas nuevas sensaciones?
    ¿O quizá era porque estaba saliendo a flote su verdadera personalidad, la de aquella niña malcriada y cruel que fue antaño?


    Tras ello, comenzó a correr hacia el lobo que tenía su muñequita. El segundo que la había atacado anteriormente hizo el gesto de ir a por ella para detenerla, pero el brazo derecho que la acompañaba se posicionó detrás de él y le agarró por la cola, tirando con fuerza para que no pudiera interferir. El lobo que poseía la muñeca se puso en guardia, dispuesto a defenderse de cualquier posible ataque de la Doll. Ella comenzó a desviarse, y en lugar de dirigirse por el frente, comenzó a rodearle. ¿Estaba esperando algo?-¡DEVUÉLVEME A FLETA!-.

    ¡PAM!

    En ese momento, el brazo izquierdo cayó del cielo a gran velocidad, impactando de lleno y propinándole así un fortísimo puñetazo encima de la cabeza del lobo. El impacto fue tal, que no solo se vio obligado a soltar la muñeca, si no que también quedó aturdido levemente, cosa que mostraban sus tambaleos. Ni corta ni perezosa, Chloe se tiró al suelo, recogió a Fleta con la boca y, tras rodar, se puso de pie.-¡Grrrrr! ¡Pfafarfás pfor efto!-Tras acercarse a él, le propinó una patada en los morros, a la vez que el brazo flotante hacía presión sobre su cabeza, con la intención de agacharlo y que comiera el suelo. Sin embargo, el animal ya se estaba recuperando del anterior golpe, y éste comenzó a resistirse, siendo cada vez más la fuerza ejercida por él para escapar del agarre de la mano de la muñeca, la cual ahora se encontraba dándole patadas en el costado repetidamente. El otro compañero de aquel lobo, agarrado por la cola, seguía con todas sus fuerzas arrastrándose, intentando avanzar hacia la muñeca. Claramente la fuerza de éstos era superior a la de ella, y en cualquier momento, el agarre tanto de uno como del otro acabaría cediendo. Pero aquello no era algo que estaba tienendo en cuenta Chloe, con tal de verlos sufrir.

    Turnos restantes para volver a usar Mil y un hilos: 2.
    Duración de las partes desmembradas: 4 turnos (2/4 partes separadas).


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    Mensaje por Astrid el Mar Jul 30, 2019 6:07 pm

    Encuentro
  • Entre Trueques y Pinturas
  • Chloe Bubelle
  • Parque - Mediodía
  • Astrid estaba segura de que su numerito de intimidación había funcionado, en especial al ver la expresión corporal de los miserables lobos. Estaban listos para correr. Bien hecho. Se dio una palmadita mental en la espalda a ella y Matt, donde quiera que estuviese en ese momento, sin demostrar nada en su expresión que rompiese la ilusión de peligro que habían creado.

    No contaba con que la muñeca tuviese tanta sed de sangre. Astrid sintió que se helaba la suya al escuchar la negativa de la muchacha, dándose cuenta de que su posición había cambiado drásticamente con esas dos frases. ¿Estaba ahora obligada a luchar en una pelea que era completamente innecesaria? ¿Se atrevía a derramar sangre ahí, en un territorio que no era el suyo, y arriesgarse a enfurecer a las Ninfas? Nah, Astrid Sharp peleaba en sus términos o no lo hacía, y lo mismo iba para sus aliados.

    En lo que demoró en tomar la decisión de lo que ocurriría a continuación, la muñequita se había puesto en movimiento mucho más rápido de lo que Astrid creyó posible para un juguete de trapo. Observó el ataque de la Doll al darse cuenta de que era demasiado tarde para detenerlo mientras se acercaba de todos modos y no pudo evitar contraerse un poco de dolor al caer el brazo. Interesante. Parecía moverse por sí solo, pero con la voluntad de ella. Astrid no sabía demasiado de las Dolls y la académica en ella no pudo evitar tomar apuntes mentales acerca de aquella curiosa habilidad.

    Una vez finalizado el ataque de la pequeña, que por lo menos había servido para que recuperara su muñeca, Astrid la tomó por el pescuezo y la levantó con delicadeza pero mano y mirada firme. “Fleta, ahora que te tenemos de vuelta quizás tu dueña nos haga el favor de gobernar su comportamiento en territorios que no le pertenecen.” Murmuró con dulzura, entrecerrándole los ojos a ambos lobos por igual. Enterró la punta del paraguas en la tierra, preocupándose de no perforar ninguna planta, y en un gesto bastante maternal, tomó a la Doll como a un bebé y la acunó contra su pecho, esperando que no redirigiera su furia de los lobos hacia ella. Una de sus manos comenzó a acariciar los cabellos de la Doll mientras la otra la acunaba con cariño pero suficiente fuerza como para que no pudiese escapar a no ser que tomase su forma humana.

    “Yo tomaría esta pequeña distracción para correr. Por mi vida. Con la cola entre las piernas si tuviera una de esas. ¿Tú que crees?” Seguía hablándole a la muñequita que habían logrado recuperar, suponiendo que aunque no la estuviese escuchando, ella no estaba rompiendo ninguna regla. Su tono parecía cariñoso, quizás hasta un poco preocupado, pero no había nada en el mundo que pudiese escuchar el gélido glaciar que parecía congelar los labios y ojos de Astrid mientras hablaba.

    Los lobos parecían estar congelados en sus lugares, aterrorizados y humillados por la muñeca que había parecido endemoniada hasta hace segundos. “Matt, quizás necesitan un poco de incentivo.” Enunció en un tono un poco más fuerte y alegre, lo suficiente como para que el Elfo le escuchara y, menos de un segundo después, comenzara a disparar flechas cerca de las patas de los lobos. Los Shifters no necesitaban más excusas, y desaparecieron tan rápido que a Astrid no le hubiese extrañado si dejaban hoyos en los árboles más cercanos con forma de lobo.

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